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La clausura agridulce de Fitur

Lola Maiques-Miguel Ángel Llano (II San Telmo)

Espacio de trabajo en Fitur. FOTO.- Fitur


La Feria Internacional de Turismo (Fitur) ha clausurado su 36ª edición, después de cuatro días en la capital española, con los mejores datos de su historia, superando las 232.000 visitas, un 6 por ciento más que en 2015 y dejando un sinfín de titulares en positivo, precursores de otra temporada de récord en lo que a número de visitantes se refiere.

Tomar la temperatura al sector centrándonos en la llegada de turistas es esperanzador pero engañoso, en tanto que parte de estos visitantes se decantarán por España por la inestabilidad que amenaza otros destinos, sin que se hayan acometido reformas sustanciales que contribuyan a mejorar la rentabilidad de ese flujo turístico, la competitividad de nuestras empresas.

La industria turística patria ansía subirse a la ola de optimismo pero una mirada más allá de los Pirineos permite avisar nubarrones en el horizonte debidos a la política monetaria de Estados Unidos y las tensiones en las bolsas, la presión migratoria, la volatilidad en el precio de las materias primas provocada, entre otras cosas, por las dificultades de algunas economías emergentes y la desaceleración del crecimiento de China.

De fronteras adentro, la inestabilidad política es un serio riesgo, hasta el punto de que en Fitur el sector ha cifrado en 1.000 millones la inversión que podría perderse de no constituirse un gobierno en medio año, mientras que en Baleares la cosa no pinta demasiado bien a consecuencia de los cambios normativos que impulsa el nuevo Ejecutivo autonómico, no únicamente los relativos al nuevo impuesto turístico.

En Menorca, Fitur se ha saldado con buenas sensaciones por del aumento de visitantes británicos (y de frecuencias con Francia), pero no parece que se vaya a incrementar el turismo alemán, más sensible a la calidad de la infraestructura hotelera y a la excelencia del servicio. La inversión que reclaman insistentemente los turoperadores que trabajan con el mercado germano, difícilmente llegará si a las medidas legislativas introducidas por el Govern se suma la derogación de la Norma Territorial Transitoria.

Sin inversión es difícil atraer determinados segmentos de mercado y subir precios, una opción a la que, posiblemente, sólo habrán podido acogerse quienes hayan hecho los deberes en los últimos años. Y sin esfuerzo compartido, las individualidades -reconocidas este año con sendos premios para Alcaufar Vell y Audax Spa&Wellnessno bastarán para fortalecer el sector turístico, motor- nos guste o no- de la economía nacional, balear e insular.


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