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Resumen de 2017 (1ª parte): La turismofobia y el conflicto político no evitan un año récord de visitantes

Un análisis de Joan Miquel Perpinyà

Turistas en verano en el centro de Maó (Foto: Tolo Mercadal)
Turistas en verano en el centro de Maó (Foto: Tolo Mercadal)

El año que ya termina ha supuesto la llegada de más turistas que nunca, tanto españoles como extranjeros. Y también han gastado más. Se calcula que España habrá recibido este 2017 alrededor de 81,5 millones de turistas, de los que más de 15 millones habrán visitado Balears. Se estima que nos visitan once turistas por cada habitante, principalmente alemanes y británicos. Además, la temporada turística se ha alargado, haciendo realidad la tan ansiada desestacionalización, que permite que haya más gente trabajando durante más tiempo y, por tanto, cotizando a la seguridad social.

 

Destaca sobre todo el posicionamiento en el mercado turístico europeo de la ciudad de Palma, un destino ‘city break’ o de fin de semana, que atrae a muchos visitantes tanto en temporada alta como fuera de la temporada turística.

La sensación de saturación que acarrea la llegada masiva de visitantes y durante más meses al año, ha supuesto también llamativos episodios de lo que se ha denominado como turismofobia, que no es otra cosa que la visibilización de cierto -y puntual- rechazo social a los efectos negativos de la gran afluencia de turistas.

Pintadas

Así, en el mes de abril aparecieron en el casco antiguo de Palma varias pintadas contra el turismo. ‘Stop guiris’, ‘El turisme destrueix la ciutat’ o ‘Refugees Welcome, tourist go home’, son algunos de los grafitis que podían leerse en algunas paredes en los alrededores de la Catedral. Estas pintadas levantaron mucha polvareda y rechazo entre los vecinos de Palma, la mayoría de partidos políticos y por supuesto, del sector turístico y comercial de la capital.

Arran

La organización independentista Arran protagonizó el 20 de julio un acto vandálico en el Moll Vell de Palma, al irrumpir varios yates de lujo y en un restaurante donde arrojaron confetis a los clientes, encendieron bengalas y desplegaron varias pancartas. En una de ellas se podía leer “Tourism kills Mallorca” (el turismo mata Mallorca). Por este acto de intimidación protagonizado por unos 40 jóvenes, la Delegación del Gobierno impuso una multa de 1.200 euros al cabecilla del acto.

Manifestación

El 23 de septiembre una manifestación recorrió las calles de Palma. Unas 3.000 personas respondieron a la convocatoria de un grupo heterogéneo de entidades sociales agrupadas en la denominada Asamblea 23-S, donde destacan dos asociaciones: ‘Ciutat per a qui l’habita’ o ‘Sense límits no hi ha futur’ protestando contra la saturación turística y contra un modelo económico “excesivamente dependiente del turismo”.

Sin embargo, esa protesta pareció ir dirigida hacia la política turística del Govern y en especial hacia el entonces vicepresidente y conseller de Turismo, Biel Barceló. Pese a haber puesto en marcha el impuesto del turismo sostenible, también conocido como ecotasa, las entidades ecologistas no se contentaron con ello e incluso criticaron que los fondos recaudados con él fueran destinados a proyectos distintos a la recuperación del medio ambiente.

Alquiler turístico

La llegada masiva de turistas que se alojan en pisos y chalés dedicados irregularmente al alquiler turístico ha sido el factor determinante para alcanzar una sensación de saturación. La regulación de esta actividad que impulsó el Govern en el Parlament, a través de la modificación de la Ley de Turismo, no contentó ni a los propietarios de viviendas vacacionales, ni a hoteleros, ni a los partidos de la oposición, aunque PSIB, Més y Podem le dieron su apoyo.

Pocas semanas después de su aprobación en el Parlament, se aprobó una modificación de la Ley vía Decreto Ley, para satisfacer las demandas de Podem de introducir el concepto de “emergencia habitacional”. Esta figura permitirá prohibir el alquiler turístico en zonas donde haya graves dificultades para acceder a la vivienda, como sucede en Ibiza.

Kellys

La situación laboral de las camareras de piso en los hoteles de Balears sirvió para denunciar las condiciones de trabajo de miles de empleadas del sector turístico, con una elevada carga de trabajo y precariedad que causa lesiones y enfermedades a un buen número de ellas. A finales de agosto este colectivo se manifestó en todas las islas para reclamar mejoras laborales, incluyendo la jubilación anticipada.

Algunas formaciones políticas utilizaron el caso de las ‘Kellys’, como también se conoce a las camareras de piso, para denunciar la explotación laboral que sufren los trabajadores en el sector turístico.

Nuevo convenio

A finales de septiembre, la patronal hotelera, sindicatos y Govern anunciaron que se había alcanzado un acuerdo para la firma del convenio de hostelería, que incluía una subida salarial del 17% en 4 años, lo que afecta a 140.000 trabajadores. Además, se contempla racionalizar las cargas de trabajo y reconocer las enfermedades laborales.

De dicho acuerdo se desmarcaron el sector de la restauración y también el ocio nocturno, alegando que ellos no podían afrontar un aumento salarial de esa magnitud. También la patronal hotelera de las Pitiusas criticó el acuerdo argumentando que se les había dejado fuera de la negociación, aunque asumieron su aplicación.

El Govern se apresuró a sacar pecho de la medida, diciendo que permite la redistribución de la riqueza que genera el turismo, siendo este uno de los objetivos básicos de los partidos de izquierdas y del Ejecutivo Armengol para la presente legislatura.

Palau de Congressos de Palma

El 2017 también pasará a la historia del turismo mallorquín como el año que, al fin, fue inaugurado el Palau de Congressos de Palma por los Reyes, don Felipe y doña Letizia. La infraestructura turística más deseada para atraer turismo MICE y por tanto, visitantes fuera de temporada alta, al fin es una realidad que funciona y además, lo hace a buen ritmo y con buenas perspectivas de futuro, según explican desde Barceló Hotels, la empresa encargada de su explotación, así como del hotel anexo.

Inestabilidad en la Conselleria de Turismo

Este año 2017 ha sido, respecto a la Conselleria de Turismo, un periodo de gran inestabilidad generado por las crisis que han salpicado al departamento y que han provocado la dimisión de tres altos cargos: Pere Muñoz, Pilar Carbonell y Biel Barceló.

El primero de ellos, gerente de la Agencia Balear de Turismo (ATB), tuvo que dimitir al ser imputado, entre otros altos cargos, por haber otorgado contratos al jefe de campaña de Més per Mallorca, Jaume Garau.

Pilar Carbonell, directora general de Turismo, lo hizo tras conocerse su imputación en el ‘caso Cursach’, acusada de dar trato de favor al Grupo Cursach, tras ser grabada manteniendo una conversación telefónica con Tolo Sbert, director general de dicho grupo empresarial.

En ambos casos, los dimitidos han negado tener ninguna responsabilidad ni haber actuado de forma ilegal.

Bel Busquets sustituye a Biel Barceló

Finalmente, Biel Barceló dimitió el 13 de diciembre del cargo de vicepresidente del Govern y conseller de Innovación, Investigación y Turismo, al trascender que había viajado a Punta Cana aceptando una invitación de un programa deportivo de Canal 4 TV. Ello suponía la conculcación del código ético del Govern.

Barceló ha sido sustituido por Bel Busquets, la secretaria general de Més per Mallorca, aunque su designación topó con la inicial oposición del PSIB, que luego tuvo que disipar ante el enfado de sus socios. La oposición criticó el nombramiento de Busquets por ser una persona ajena al sector turístico y sin ninguna experiencia en la materia.

Efecto ‘Barceló’

La entidad ecologista Terraferida, una de las más críticas con el Govern por su política turística, criticó la gestión de Biel Barceló al frente de Turismo. Le acusaron de generar el ‘efecto Barceló’, ya que cuando llegó al cargo había 424.112 plazas turísticas ilegales en toda Balears, y en 2017 había más 552.600, lo que supone un aumento de la presión turística de 128.568 plazas legales. Y además la nueva Ley turística permite llegar a las 623.624 plazas legales, según Terraferida.

Esta y otras entidades reclaman que para revertir la situación de saturación turística debe iniciarse un proceso de decrecimiento.

Ecotasa

Este año el Govern ha recaudado 44,1 millones de euros con el impuesto turístico. Eso supone un 26,9% más que lo recaudado en 2016. Sin embargo, Podem Illes Balears exigió que para dar su apoyo a los presupuestos del Govern para 2018, la cuantía que pagan los turistas y residentes obligados a pagar el impuesto, había de doblarse. De este modo, de pagar 1,5 euros por noche en un hotel de cuatro estrellas, se pagarán 3 euros por noche. Sin embargo, el Govern aceptó congelar el impuesto en temporada baja a petición de Més per Menorca.

Este incremento del impuesto ha generado críticas en el sector hotelero, que en la feria turística World Travel Market de Londres alertó de la posible pérdida de competitividad frente a otros destinos del Mediterráneo, sumado a la recuperación del turismo en Egipto, Turquía y Túnez.

Incertidumbre en 2018

Las previsiones para 2018 son buenas y todo hace prever que continúe la buena marcha del sector turístico, espoleada por el comienzo temprano de la temporada, que hará que muchos establecimientos hoteleros abran en abril y mayo.

Sin embargo, los efectos de ‘Brexit’ en los turistas de origen británico, la recuperación de otros destinos competidores y las posibles consecuencias negativos del incremento del impuesto turístico, hacen que haya dudas sobre la marcha de la principal industria de Balears y motor de nuestra economía.


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