CELEBRAR A LOS VIVOS. – menorca al día
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CELEBRAR A LOS VIVOS.

Un artículo de Manolo Bonet Fuster


Ángel RUIZ y PABLO d’Es Castell de Menorca, en su poema  titulado ‘En la mort de mon fill Emmanuel’ lo acaba escribiendo  “Jo  no ploro, no, per ell, jo ploro per mí”. Lágrimas como las de Ruiz y Pablo nos saltan a los ojos  también cuando próximamente visitemos las tumbas de nuestros  seres queridos en estos días de vivos recuerdos…

Eternizar la vida es lo que la celebración de estas fechas del comienzo de noviembre nos ofrece en voz queda. Otoño es la estación que al caerse las hojas estas visten sus colores más vivos. Es ahora cuando agencias de viajes  promocionan desplazamientos por doquier para contemplar los  bosques y parajes en descomunal esplendor.

En nuestro hablar común hablamos de la mejoría antes de morir…que ocurre instantes previos al último suspiro. Visitando, pues, los cementerios en estos días entrañables  en nuestra cultura mediterránea, uno puede percatarse que a  pesar de la ampliación de éstos, nunca alcanzaran el área  municipal en donde están ubicados. Es decir que la cadena de la  vida y su crecimiento no están en el cementerio sino fuera de  éste en el burgo, si bien vayan en tándem, ya que crecemos  exponencialmente.

Comparando las celebraciones que en el transcurso de la  vida experimentamos: nacimiento, pubertad, graduaciones, matrimonio, onomásticas, funerales…son en éstos últimos  cuando el pleno, sea en el tanatorio o en el templo, está  asegurado.

Una vez más lo de eternizar la vida se corrobora palpablemente en la celebración del luto. De hecho individualmente y como colectivo llevamos en  nosotros este ADN que no muere físicamente sino que mejor se  rejuvenece de generación en generación. Por eso lo de Celebrar  a los vivos…

A Ángel RUIZ y PABLO le hace eco otro escritor y poeta de  renombre Rainer María RILKE cuando escribe” La muerte es el  último secreto de la vida”… y prosigue” Todos tus antepasados y  aún las generaciones por venir están hoy en ti…acarícialos, son  tuyos”. Es de humanos (opino) sentirnos crecer muriendo, viviendo sí, la muerte misma. Si no preguntémosles a las hojas otoñales que aún en tierra   forman un tapiz  cromático e igualmente glorioso.


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