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El 43 % de los ciudadanos de Balears creen que las Navidades son “una fiesta consumista”

La nueva edición de los Quaderns Gadeso analiza la vertiente social de esta época del año

El gasto de todos los años.
El gasto de todos los años.
Los ciudadanos destacan la vertiente consumista de las fiestas.

Las Navidades ya han llegado. Los anuncios de perfumes y juguetes pueblan los espacios de televisión. Los centros de la ciudades y los espacios comerciales se engalanan. Muchos son los ciudadanos ya miran al calendario para situar los compromisos a los que tienen que hacer frente. Y muchos más son los que están empezando a hacer números ante un previsible aumento del gasto. Y es que los ciudadanos de Balears lo tienen claro: cuatro de cada diez (43 %) defienden que las Navidades son “una fiesta consumista”. Así se desprende del nuevo número de los Quaderns que edita la fundación Gadeso, que se adentra en la vertiente social de esta época del año.

Pincha en la imagen para ver los datos.
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La perspectiva económica manda en las respuestas realizadas a la pregunta “¿Qué son principalmente las fiestas navideñas?”. Sin embargo, también hay un espacio para la fraternidad: el 42,1 % creen que las Navidades son “unas fiestas familiares”. A su vez, el 13,7 % de los resultados apuntan que “son unos días para olvidar los problemas cotidianos”, el 1 % argumenta que son “unas fiestas religiosas” y el 0,2 % exponen que “no significan nada”.

La clase baja gasta unos 214 euros de media; los más acaudalados disponen de 1.493 euros

Distribución del gasto

A su vez, desde la Fundación Gadeso también analizan la distribución del gasto medio en Balears. Los regalos a los hijos (30,6 %) y la comida (29,3 %) causan la mayor parte del desembolso. Los obsequios para otros destinatarios (11,3 %) y el ocio (10 %) también ocasionan parte del dispendio. La compras de ropa son la causa del 8,3 % del gasto y el porcentaje restante (10, 4 %) pertenece a un heterogéneo grupo de situaciones definidas como “varios”. Por último, los autores también desgranan el gasto realizado según la clase social. Así se pasa de los 214 de la clase social baja a los 1.493 de los residentes en las islas más acaudalados, con tres grupos intermedios. Una de las diferencias entre ambos colectivos está en el destino de los recursos: quién menos tiene apuesta por necesidades básicas como la comida. La clase alta dispone de la posibilidad de diversificar su gasto. Ya lo saben: “El dinero no da la felicidad, pero ayuda”.


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