Las enfermeras estallan: “Nos insultan y nos agreden a diario y nadie hace nada” – menorca al día
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Las enfermeras estallan: “Nos insultan y nos agreden a diario y nadie hace nada”

El personal sanitario de los centros sociosanitarios de la red hospitalaria del IB-Salut está al límite y denuncia que las agresiones físicas y verbales se han disparado

Alertan que existe una nueva moda, grabarlas para intimidarlas.
Alertan que existe una nueva moda, grabarlas para intimidarlas.

El personal sanitario de los centros sociosanitarios de la red hospitalaria del IB-Salut está al límite. Denuncian que las agresiones físicas y verbales se han disparado y que aguantan de forma continuada todo tipo de humillaciones. La ausencia de civismo y los abusos de pacientes y familiares se han convertido en el día a día. Se sienten desamparados, desprotegidos pues ni el Govern ni los sindicatos actúan a pesar de las reiteradas llamadas de atención que les hacen llegar. Mallorcadiario ha hablado con un grupo de ocho enfermeras y auxiliares de centros sociosanitarios que han querido mantener el anonimato. “Voy a trabajar con miedo, con una ansiedad insoportable… Yo vengo a atender a los pacientes no a aguantar humillaciones”.

 

Todas coinciden: “se confunde atención sanitaria con servidumbre”. Aseguran que algunas personas abusan porque “creen que la sanidad pública es gratis y equivale a barra libre, esto no es un hotel de lujo, es un hospital, no somos chachas de nadie”. Una de ellas añade: “somos la cara visible de la sanidad, nos lo comemos todo. Por desgracia cada vez más ciudadanos piensan que somos chicas para todo”. Otra puntualiza: “es normal que una persona con algún tipo de demencia te insulte y te llegue a pegar, es un paciente que no es responsable de sus actos. Eso lo asumes, es parte de la profesión y nadie se queja de ello”.

ANCIANOS ABANDONADOS

El personal sanitario denuncia que el abandono de ancianos en los centros sociosanitarios se ha convertido en algo habitual. Se cuentan con plazas de larga estancia, si bien la finalidad y el servicio de los centros es diferente: “el objetivo es mejorar su estado, ayudar a las familias para que entiendan y afronten lo que vendrá después cuando tengan a los mayores en sus casas” Añaden que “es lamentable, hay familias que llegan aquí, aparcan al abuelo con todo tipo de exigencias y cuando llega el momento de darle el alta al paciente, dicen que lo echamos y lo pagan con nosotros”. Entienden la situación, aunque insisten en que “a los familiares les cuesta asumir lo que va a pasar con sus padres”.

Una enfermera interviene: “vemos casos terribles, familias que viven de la paga del abuelo y que lo dejan tirado en el hospital para que no moleste en casa mientras ellos se quedan su dinero. Literalmente, lo aparcan”. “Hay familias que lo que quieren es que cuidemos del abuelo y no se les muera para seguir cobrando la pensión. Entiendo que la crisis es dura, pero es un comportamiento inhumano”, apostilla otra.

Alertan que la situación se agrava en el caso de pacientes extranjeros: “uno de los dramas sociales que vemos es el de los ancianos extranjeros, la mayoría británicos y alemanes. Se repite el mismo esquema: llegan al hospital, nadie sabe muy bien quién los ha traído, se quedan aquí y es casi imposible encontrar a un familiar. Son personas que han vivido muchos años en las Islas pero que no se han integrado, no hablan el idioma, viven aislados y solos. Los dejan aquí abandonados a su suerte, nadie se hace cargo. Acaban ocupando las plazas de larga estancia porque no hay manera de dar con alguien que se ocupe de ellos”.

ABUSOS DE LOS FAMILIARES

En el caso de los pacientes de mayor edad, los problemas vienen causados por los familiares “te dicen que la comida es una mierda, tú les explicas que es el catering que ya nos llega emplatado y no lo entienden, te insultan, tiran la comida al suelo…”. Sostienen que hay familias que abdican de los cuidados de sus mayores en el sistema sanitario hasta el punto de desentenderse de las cosas más nimias: “en Son Espases pagan por ver la televisión, aquí la tele es gratis y nos roban los mandos a distancia. Nos llaman para cambiar de canal, se enfadan con nosotras si este o aquel canal no se ve…. Somos enfermeras, no cambiadoras de canal”.

INSULTOS Y AMENAZAS

Las enfermeras alertan de una nueva moda, grabarlas con los teléfonos móviles para intimidarlas: “hemos llegado a extremos intolerables e ilegales. Hay familiares que nos graban con el teléfono móvil, no sabemos si para amenazarnos o denunciarnos”.

Solo en las horas previas al encuentro con Mallorcadiario han sufrido una batería de insultos: “ayer mismo, me llamaron puta, a gritos, me dijeron que no servía ni para puta de burdel”. Otra nos relata que “antes de venir a hablar contigo, a una empleada del servicio de limpieza le han dicho de todo por advertir a un familiar que el suelo del pasillo estaba mojado. Lo más flojo que la han llamado es gilipollas, a gritos”.

Una tercera interviene: “es diario, no se trata de hechos aislados. Nos insultan, nos gritan, tiran la comida, ensucian, se comportan sin educación, molestan a los demás pacientes”. Una de las enfermeras lamenta que “lo triste es que los insultos y las agresiones no se reducen a personas de entornos marginales. Hay personas que parecen normales y que nos tratan como si fuéramos sus siervos”.

ACUSACIONES DE RACISMO

Uno de lo problemas más graves que denuncian es la facilidad con la que se les acusa de racistas: “por nada te llaman racista, es lo primero que se les ocurre. Es un tema muy sensible, una acusación fácil ante la que es difícil defenderse”.

Señalan que llegan a la atención sociosanitaria personas “de entornos marginales, con comportamientos asociales… Aquí no hay racismo, no se juzga a un paciente porque sea español, latinoamericano o magrebí. Es muy sencillo decir que somos racistas. Lo que es un hecho, y no tiene nada que ver con su origen, es que tratamos con personas que, por utilizar una expresión común, son lo mejor de cada casa. Vivimos casos muy graves de conductas asociales”.

Un episodio de insultos y humillaciones ha llevado al personal sanitario al límite de la tolerancia. Así lo relatan: “uno de los últimos casos nos ha hecho explotar. Una mujer joven (no era una anciana) nos ha insultado durante días, tiraba la comida, gritaba, ensuciaba la habitación. Tenía una fractura de tobillo y exigía que la limpiaramos cuando hacía sus necesidades. Una noche la sorprendimos hablando por teléfono, con la televisión encendida y poniendo música con la tablet… Además su novio o pareja o lo que fuese , estaba tumbado en la cama con ella. Y todo lo tenía que aguantar el abuelito con el que compartía habitación. No hay derecho. Y encima nos ha denunciado, dice que somos racistas”.

SITUACIÓN DE INDEFENSIÓN

El personal sociosanitario se siente solo: “estamos indefensos, ni la dirección ni los sindicatos han actuado al respecto”. Una supervisora sostiene que los partes que hacen sirven para poco: “tenemos a nuestra disposición partes de agresiones físicas o verbales. Estamos cansadas de hacerlos, no sirven para nada, pero tenemos que hacerlos para cubrirnos las espaldas. Si nos denuncian tenemos que tener esos partes para intentar defendernos”.

No quieren cargar las tintas, aseguran que “nos falta el apoyo de los médicos. Ellos también tienen problemas, pero su contacto con los pacientes y las familias es menor. A ellos los respetan más”.

Proponen un estatus similar al de otros trabajadores públicos para que insultos y agresiones no queden impunes: “yo no puedo ir a un agente de la policía e insultarlo. Si llamo gilipollas a un agente me voy al cuartelillo. ¿Por qué a nosotras nos pueden decir y hacer lo que les dé la gana?”.


Comment

  1. La mala educación y la prepotencia están a la orden del día. Gente que grita o pone música alta sin importarle si molesta a los demás. ¡Incluso en la playa!, el lugar que debería ser más tranquilo. O que exige wifi gratis, por ejemplo. O que cometen imprudencias con el coche y si les pitas te insultan y hasta te amenazan. O que amenazan a los que controlan los accesos a las playas vírgenes. Hasta en los hospitales, com dice la noticia. ¡El colmo! ¿Porqué no exigen sus auténticos derechos al gobierno? El número de energúmenos es enorme.

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