Algunos episodios de epidemias que sufrió Menorca en el pasado – menorca al día
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Algunos episodios de epidemias que sufrió Menorca en el pasado

¿Cómo resolvieron nuestros ancestros esas crisis?

Antiguamente no tenían medios, pero salieron adelante
Antiguamente no tenían medios, pero salieron adelante
Analizamos algunos episodios de epidemias vividos en Menorca

Los virus son más antiguos que los hombres sobre la faz de la Tierra. No es de extrañar que nuestros caminos se hayan cruzado en más de una ocasión, incluso aquí en Menorca.
En el estudio de Ses festes de Sant Joan de Catalina Bosch, su investigación habla de una epidemia de peste que asoló toda la isla entre los años 1654 y 1656, motivo por el cual no se festejó nada. Dos años de combate a una enfermedad como la peste en el siglo XVII nos da la idea de cómo podría haberse vivido en Menorca.

Aquella peste fue una de las enfermedades bacterianas más agresivas, provocando frecuentemente la muerte de la persona afectada si no se instauraba el tratamiento antibiótico adecuado. Generalmente se transmitía por la picadura de pulgas infectadas procedentes de roedores, originando bubones en ingles y axilas. Las pulgas infectadas solo viven entre 3 y 5 días, pero durante este periodo actúan como un vector sumamente eficaz de transmisión de la enfermedad. En ocasiones el mecanismo de transmisión tenía lugar directamente desde un humano infectado a uno sano a través de pequeñas gotitas de saliva expulsadas por vía respiratoria que entraban en el aparato respiratorio de las personas cercanas, provocando afectación pulmonar directa.

Los menorquines fueron los afectados tardíos de una ola de peste que ya había afectado gravemente a varias ciudades españolas, llegando a producir 8.000 muertes diarias. Se caracterizaba por fiebre, dolor de cabeza, escalofrío, hinchazón y dolor de los ganglios linfáticos. No nos quedan muchos detalles que nos ayuden a saber cómo solventaron el problema pero sí hay mucha documentación de las medidas preventivas que tomaron en ciudades europeas y españolas unos años antes. Esencialmente era aislar o aislarse de quienes hubiera sospecha de que pudieran estar infectados, utilizar el fuego como medio de purificación y ser muy firme en estas medida. Básicamente mantener la distancia.

Vámonos ahora a la epidemia de cólera de 1865. Menorca ya tenía experiencia previa, pero la enfermedad era diferente. El cólera se convirtió en una de las enfermedades más extendidas y mortíferas del siglo XIX, matando a de decenas de millones de personas. El bacilo transmisor de la enfermedad se expandía a través del agua contaminada. De nuevo se actuó poniendo fronteras de contención entre las diferentes poblaciones de la isla. En la referencia histórica de la iglesia de las carmelitas de Ciutadella se cita el fallecimiento del reverendo Josep Nin y del trabajo de sor Marta Barceló en el cuidado de los enfermos.

Las epidemias no son algo nuevo. Siempre se ha conseguido salir de ellas. Solo hace falta paciencia y seguir unas sencillas normas para no expandir el contagio.


Comments (2)

  1. … nuestros ancestros gestionaron fatal aquellas epidemias, porque estaban inmersos en un componente que los ataba de pies y manos para reaccionar: la religión… en aquellos tiempos los avances de la ciencia y de la medicina estaban perseguidos por LA IGLESIA, decía a la gente que eran castigos divinos, había pues abusos como persecución de chivos expiatorios como presuntas brujas, o pogromos contra otra comunidades… y esparcían la plaga con procesiones en las que los penitentes se azotaban -como deben estar haciendo ahora mismo los fanáticos del opus dei- atrayendo a las pulgas a una orgía de sangre y contagio… iglesia siempre más preocupaga en que no se puedan celebrar sus ceremonias de guardar más que el bienestar de la sociedad, recomendando la oración como un bálsamo milagroso que todo lo curará y que no sirve para nada… y el fuego purificador, más como castigo celestial que como profilaxis real… la historia nos muestra que siempre hay que desconfiar de las confesiones religiosas a la hora de gestionar una crisis, hagamos caso de las recomendaciones sanitarias y dejémonos de cuaresmas, semanas de penitentes y tonterías, que este año merecen silencio y ostracismo… por nuestros antepasados…

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