“Los tópicos, una delicia” – menorca al día
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“Los tópicos, una delicia”

Un artículo de Jaume Santacana

"Pues no señor! Yo, personalmente, ya no pienso pedir más disculpas por el simple hecho de utilizar –de forma natural y espontanea- estas expresiones que tanto injurian".
"Pues no señor! Yo, personalmente, ya no pienso pedir más disculpas por el simple hecho de utilizar –de forma natural y espontanea- estas expresiones que tanto injurian".

Estoy hasta las mismísimas narices de la utilización general y universal de la palabra “tópico”, en sentido altamente negativo. Se acabó lo que se daba!

Observar a cualquier hijo de vecino que, con gesto despectivo y voz engolada, te recrimina, sin tapujos, una determinada aportación en una conversación humana, exclamando: “¡hombre, tío, esto que estás diciendo es un tópico!”, me tiene los atributos (atributillos, nací en 1950, ay!) rebosantes de agua bendita…

Evidentemente, ya sé que la palabra “tópico” hace referencia directa a una expresión muy empleada, demasiado usada –dicen los vigilantes de la pureza (que no de la playa) dogmáticos y diabólicos – y ésto, socialmente hablando, se entiende como trivial, como vulgar. Opinan que un tópico es una idea estereotipada, manida, o sea, un lugar común. Dicen –los que se erigen como “correctos”, sin que nadie se lo haya otorgado- que, utilizar tópicos es un vicio del lenguaje y que, por lo tanto, empobrece y envilece el vocabulario y, ya puestos, la lengua: ¡Anda ya!

Lo más curioso del caso que nos ocupa es que, en numerosas ocasiones, son los periodistas (y las periodistos) los que aparecen como más beligerantes en esta cuestión. Tengo un conocido – “trabajador de la información”, como se diría en clave sindical- que llega al paroxismo en este sentido; cuando le digo “buenos días”, me responde, instantáneamente: “¡joder, que topicazo!”. En mi fuero interno -en el más interno de mis fueros- se me aparece un gran rótulo de neón de dimensiones gigantescas que reza: “a tomar por saco, mamón!”

Podríamos deducir, fácilmente, que los que se dedican a esta vocacional (ejem!) profesión –digna, eso sí, como la que mas- no cometen este tipo de irregularidades y, por consiguiente, no incurren en vulgaridades de este estilo. Debe ser por esto que ya no me sorprendo cuando, al leer un periódico, al día siguiente de una jornada de huelga general, veo escritas palabras y expresiones tipo: “huelga parcial”; “un grupo de descontrolados” (o bien “incontrolados”; o bien “antisistema”); el adjetivo “rotundo” (siempre el mismo) cuando se refieren a los substantivos “éxito” o “fracaso”; el verbo “dispersar”, para frenar a los alborotadores; la expresión “pulso al gobierno”; “servicios mínimos”; “piquetes informativos”…y así, hasta un “largo etcétera” (que, como expresión, es un topicazo que me encanta y que viene “como anillo al dedo” (toma ya!) para concluir un parágrafo. Yo soy, que quede claro, de los del “marco incomparable” y los de la “cumbre en Moscú”, a ver si se enteran esta pandilla de almas de cántaro.

Pues no señor! Yo, personalmente, ya no pienso pedir más disculpas por el simple hecho de utilizar –de forma natural y espontanea- estas expresiones que tanto injurian. Me gustan los tópicos: los encuentro preciosos, encantadores, llenos de gracia, con mucho sentido común. Además, ¡qué caramba!, si existen expresiones conocidas (o muy conocidas) ¿por qué hay que romperse el coco –en plena conversación- buscando nuevas formas de decir lo mismo? Los “vulgares” son ellos, los detractores, por aplicar, constantemente, la palabra “tópico” en un diálogo ligero y ágil y, así, frenarlo.

Diré más, todavía: a partir de ahora mismito, usaré este recurso (que Dios ha puesto en mis manos) continuamente, sin parar, y con toda mi santa voluntad, a sabiendas. Voy a por todas! Qué se han creído?

Voy a cubrir a todos mis dialogadores más encarnizados, de tópicos y lugares comunes –los más comunes posibles- con el objetivo de demostrarles la solidez y la fortaleza de mis argumentos. No querían tópicos? ¡Pues venga!

Ya va siendo hora de romper una lanza, o dos, si conviene, a favor de la libertad total de expresión y, por lo tanto, llega el momento de reivindicar toda clase de manifestaciones orales o escritas, sin ningún tipo de cortapisas oficiales, dictadas por los gurús del dogmatismo más feroz: vivan las expresiones redundantes, exageradas, groseras, generalistas, loables, ofensivas i defensivas, políticamente correctas o incorrectas…incluso, si me apuran, aquellas que son ligeramente mentirosas (piadosamente, al menos…).

Basta ya de miedo al tópico! Animo a mis conciudadanos a romper, de una vez por todas, la barricada de la timidez y dejarse de tonterías: sí al tópico!!! (aunque sea un tópico…).


Comments (2)

  1. … el peligro de los tópicos es que la gente los usa sin reflexionar, quedando muchas veces en evidencia de tontuna… expresiones como “nananí nananá… si deu vol” es una de las más estúpidas: si decimos que nos volveremos a ver mañana, no debemos añadir la coletilla “…si deu vol”, porque eso dependerá únicamente de si nosotros queremos o no volver a vernos, un dios inexistente aquí no pinta nada, no nos va a condicionar nuestros deseos de volver a vernos… otra memez de tópico supino es cuando se cae el tejado de un colegio aplastando una clase entera, y la gente exclama por la calle “gracias a dios, que ha pasado en domingo…” es otro tópicazo mentar a un dios que podría haberse abstenido de permitir que se hundiera el techo, simplemente, pero no lo hizo… pero aún así ciertas personas acríticas y dadas al tópico, se ilusionan con la idea de exonerar a la deidad porque escogió bien el día para no causar la masacre… imagínate si no… lo que es seguro es que este tópico brillaría por su ausencia en el caso de que el evento se hubiese producido un lunes con el colegio atiborrado de querubines y querubinas… los tópicos son muchas veces, además de un recurso para gentes perezosas, de una tremenda hipocresía, al menos en estos dos ejemplos que atañen a ese inexistente dios que algunos gustan de poner en cada frase cuando se expresan en público, como un mantra, como una pleitesía necesaria… como un tópico

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