La historia arranca en 2002 cuando un joven Burke de apenas siete años hace una excursión con sus abuelos a la costa norirlandesa. Escribió un breve mensaje. Lo introdujo en una botella y lo lanzó al mar en Bangor, al nordeste de la isla de Irlanda.
El frágil recipiente atravesó el Atlántico hacia el sur. Cruzó el estrecho de Gibraltar y enfiló rumbo norte. Sorteó las Pitiuses, Mallorca y acabó cerca de Ciutadella en donde un turista catalán, Albert Voltas, la descubrió haciendo kayak en aguas de Ponent.
Voltas trató de ponerse en contacto con Burke por medio de las redes sociales hasta que lo consiguió pocos días después.
Tras enterarse de esta odisea, Adam Burke relató a la BBC que le parecía "asombroso que la botella hubiera sobrevivido" a este viaje.
El joven norirlandés , que en la actualidad cuenta con 20 años, destacó "los esfuerzos de la gente por devolverme la botella". Para Burke es "una historia muy buena" de la labor de muchas personas para hacer algo tan simple como transmitirle este mensaje de vuelta.
