Durante su intervención, Pons Vila recordó que la obra estuvo salpicada de dificultades y problemas. “Entre ellos, el más importante, fueron los sobrecostes valorados, en más de once millones de euros, a lo que hay que añadir la falta de planificación de las conducciones que debían transportar el agua desalada desde la planta hasta los hogares de los ciudadanos o el precio al que debería cobrarse esta agua a los ciudadanos, puesto que los sobrecostes y la necesidad de nuevas inversiones repercutirán en un incremento de los precios".
Pons Vila aseguró que “a pesar de los tropiezos y dificultades, la construcción de la desaladora en Ciutadella es necesaria y urge finalizar su construcción”. Añadió que “el abastecimiento hídrico de la población se realiza gracias a las aguas subterráneas y todo indica que se está produciendo un deterioro como consecuencia de la salinización de las mismas debido, fundamentalmente, al proceso de sobreexplotación que están sufriendo determinados acuíferos”.
