Hay días en Menorca en los que todo pesa un poco más de la cuenta. La mente saturada, el cuerpo cansado y esa sensación de no haber parado en toda la jornada, pero tampoco haber desconectado. En medio de este ritmo, cada vez más menorquines encuentran en la jardinería una forma sencilla de bajar revoluciones.
No hace falta disponer de un gran jardín, algo que en muchos casos no es habitual en entornos urbanos como Maó o Ciutadella. De hecho, a menudo basta con unas pocas plantas en el balcón, en un patio interior o dentro de casa. Lo que engancha no es tanto el resultado como el proceso. Regar, tocar la tierra, retirar hojas secas… son pequeños gestos, pero tienen un efecto repetitivo y calmante que ayuda a ordenar la mente.
Además, la jardinería introduce un cambio de ritmo que contrasta con la vida cotidiana. Las plantas no tienen prisa. Crecen a su tiempo, algo especialmente valorado en una isla donde, pese a su carácter tranquilo, el día a día también puede volverse exigente. Dedicar unos minutos a cuidarlas permite entrar en una pausa que no siempre es fácil de encontrar en otras actividades.
Otro de los aspectos que más destacan quienes practican esta afición en Menorca es la conexión con la naturaleza, incluso en pequeños espacios. Ver cómo una planta responde a los cuidados —una hoja nueva o una flor que se abre— genera una sensación de continuidad y recompensa que no siempre se encuentra en otros ámbitos. No es inmediato, pero precisamente por eso resulta más satisfactorio.
También hay un componente físico. Aunque sea en formato reducido, mover macetas, manipular la tierra o simplemente levantarse para atender las plantas rompe con la inercia de pasar muchas horas sentado, algo que el cuerpo agradece.
A todo ello se suma que la jardinería no exige perfección. Hay plantas que se marchitan, errores que se repiten… y no pasa nada. Forma parte del aprendizaje. Esta tolerancia al fallo tiene un efecto relajante, especialmente en un contexto donde la exigencia es cada vez mayor.
En Menorca, donde la conexión con el entorno natural forma parte de la identidad de la isla, la jardinería se consolida así como un hábito sencillo, cercano y cada vez más presente para mejorar el bienestar diario.
*Un artículo de Eva Remolina (AMIC) para Menorcaaaldia.com
