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Da Costa: Un trozo de Italia en Menorca que se toma en serio el producto local

La trattoria afincada en el puerto de Maó convence con sus pastas artesanales y un excelso guiño al producto menorquín de máxima categoría

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Los ravioli del plin rellenos de gallina son una de las especialidades de la casa más demandadas.

Bajo el lema "Il piacere di stare insieme" (El placer de estar juntos), la trattoria Da Costa (Moll de Llevant 295) se presenta en Menorca como un templo a la cocina italiana, especialmente a la pasta, sin atajos. Su declaración de intenciones es honesta: todo es artesanal, desde el pan hasta los postres. El resultado es una propuesta refinada que equilibra los grandes clásicos italianos con sutiles y aplaudidos guiños a la despensa de la isla.


Un arranque entre la tradición y el juego de contrastes

La sección de Entrantes es una oda al buen producto tratado en casa. Destaca de forma soberbia el Flan de queso pecorino sobre melón caramelizado al horno, un budín salado al baño maría que arriesga y gana en su contraste dulce-salado.

Para los amantes de la carne, el Tartar de ternera con aceite de trufa, fondue de parmesano y alcachofas fritas ofrece una combinación untuosa e impecable gracias al toque crujiente de la alcachofa. Las anchoas, tanto maridadas en casa con pimienta rosa como fritas con salsa verde, demuestran un respeto pulcro por el punto de sazón.


El corazón de la casa: Pastas frescas hechas a mano

El apartado de pastas justifica por sí solo la visita. Se nota el mimo diario en elaboraciones como los Tagliolini cacio e pepe con tartar de gamba roja, donde la cremosidad e intensidad de la pimienta y el queso se eleva exponencialmente gracias al dulzor marino del marisco y un bisque rotundo.

La Tagliatella de conejo a la cazadora, trefilada al bronce, ofrece esa textura rugosa idónea que atrapa una salsa de caza profunda y reconfortante. Tampoco se quedan atrás los clásicos: los amantes del Piamonte encontrarán un refugio en los Ravioli del plin rellenos de gallina con reducción de asados, una de las especialidades de la casa.


Segundos contundentes con acento insular

En los platos principales, Da Costa saca músculo integrándose en el territorio. El rey indiscutible de la sección es el imponente Tomahawk de ternera menorquina de 1,2 kg, una pieza ideal para compartir que ensalza la excelente calidad ganadera de Menorca, servida con patatas rústicas y el punto dulce de las cebollas caramelizadas.

Quienes prefieran inclinarse por el pescado disponen de opciones sobresalientes como el Pulpo frito sobre crema de pimiento y burrata, un juego de texturas impecable entre el crujiente exterior del cefalópodo y la cremosidad láctica de la burrata fresca.


El broche final: Dulces con aroma a albahaca

La propuesta de postres caseros mantiene el nivel hasta el último minuto. Aunque el Tiramisù cumple con nota las expectativas del comensal tradicional, la verdadera sorpresa llega con la Panna cotta aromatizada a la albahaca, una genialidad fresca y balsámica que limpia el paladar con elegancia con un toque fresco extra con una reducción con esta planta. Para acompañar la velada, su carta de coctelería clásica con un equilibrado Negroni o el refrescante Twisted Basil Smash redondea una experiencia impecable.


Una academia para lograr la pasta perfecta

Detrás de Da Costa está Gabriele Costamagna que abre en Maó su tercera trattoria tras las que tiene en Cuneo, en el piamonte italiano. Menorca es el primer paso hacia una expansión en forma de franquicia. Su intención es crear una academia para formar a quienes vayan acocinar su pasta por sus diferentes establecimientos. Allí pasarán un mes aprendiendo y practicando para lograr ese punto y toque especial de la pasta de calidad elaborada artesanal y diariamente.

En los fogones de Maó está el cheff Dodo Abruzzese quien sabe trasladar esta idea a los platos que se sirven en el Moll de Llevant.

En conclusión: Da Costa cumple lo que promete. Ejecuta la gastronomía italiana con una honestidad, una técnica y un respeto al producto local que la convierten en una parada obligatoria en Menorca.




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Jordi Ribera

Periodista de Menorca al Dia