Miguel Carretón es un ilustrador afincado en Menorca desde 2018. Se formó en diseño gráfico en Valencia y ha expuesto su obra en diversos espacios de la isla como Espai Xec Coll, Ca'n Àngel, Vesprades d'Art o la Gran Migjornale. Nuestra colaboradora Adriana Moll ha conversado con él esta semana:
Miguel, antes de hablar de tu obra actual, me gustaría empezar por el origen. Has contado que dibujas desde niño, pero esa faceta permaneció bastante íntima durante muchos años. ¿Por qué decidiste compartirla precisamente ahora?
Siempre he dibujado. Es algo que me acompaña desde niño y que nunca he dejado de hacer, aunque durante muchos años mi profesión fuera el diseño gráfico. El dibujo era una parte muy personal de mí, algo que no sentía la necesidad de enseñar. Con el tiempo entendí que había llegado el momento de darle espacio y convertirlo en mi forma de expresarme. No lo veo como un cambio de rumbo, sino como una evolución natural.
Durante gran parte de tu trayectoria profesional has trabajado en el ámbito del diseño gráfico y el branding. ¿Qué diferencias encuentras entre resolver un problema de comunicación para un cliente y enfrentarte a un papel en blanco como artista?
El diseño consiste en resolver un problema. Hay unos objetivos, un cliente y un mensaje que comunicar. Cuando dibujo ocurre lo contrario. El papel en blanco no me plantea un problema, sino una oportunidad para entender qué me ha emocionado de un lugar y trasladarlo al dibujo. Eso sí, todo lo que aprendí como diseñador sigue presente en mi forma de componer y sintetizar.
Hay artistas que necesitan el ruido de la ciudad y otros que encuentran su lenguaje en la calma. En tu caso, ¿qué ha cambiado en tu mirada desde que llegaste a Menorca?
Menorca me ha enseñado a bajar el ritmo. Aquí descubrí que un paisaje cambia constantemente con la luz, el viento o la estación del año. Pero, sobre todo, aprendí a detenerme. Vivimos con tanta prisa que muchas veces dejamos de ver lo que tenemos delante. La isla me ha enseñado a mirar con más calma.
En la exposición LLUM parece haber una reivindicación de la luz y de una manera muy particular de mirar la isla. ¿Qué encuentras en esa Menorca que quizá pasa desapercibida para la mayoría?
Creo que la belleza de Menorca no está solo en sus grandes paisajes, sino en los detalles cotidianos. Una fachada, una calle tranquila o una sombra pueden contar tanto como una cala. Me interesa esa isla que aparece cuando uno deja de correr y empieza simplemente a observar.
Tus dibujos transmiten una mezcla de observación y emoción. ¿Sales a buscar imágenes concretas o dejas que el paisaje te encuentre a ti?
Casi nunca salgo con una lista de lugares que quiero dibujar. Camino, observo y dejo que sea el propio paisaje quien me detenga. Hay rincones muy conocidos que no me dicen nada y otros completamente sencillos que, por alguna razón, me obligan a sacar el cuaderno. Ahí suele empezar todo.
¿Cómo decides qué lugar merece convertirse en una obra? ¿Hay algo que te hace detenerte y pensar: “esto necesito dibujarlo”?
No depende de que sea un lugar famoso. Tiene más que ver con una sensación difícil de explicar. Puede ser una determinada luz, una sombra o una fachada muy sencilla. Si un sitio despierta mi curiosidad y siento la necesidad de comprenderlo dibujándolo, sé que merece la pena.
Después de tantos años dedicados al diseño, ¿sientes que tu mirada ha heredado algo de esa disciplina? ¿O has tenido que desaprender ciertas reglas?
Ha heredado muchas cosas. El diseño me enseñó a observar, simplificar y cuidar la composición. Pero también he tenido que desprenderme de la necesidad de que todo tenga una explicación y del perfeccionismo. En el dibujo hay espacio para la intuición, la frescura, lo inmediato, y eso ha sido un aprendizaje importante.
Muchos creadores hablan del dibujo como una forma de pensar. ¿Qué te permite comprender el dibujo que no consigues entender simplemente observando?
Cuando dibujas pasas mucho tiempo mirando algo concreto. Empiezas a descubrir relaciones entre la luz, las formas y el espacio que normalmente pasan desapercibidas. Creo que el dibujo no solo te ayuda a comprender un paisaje, sino también tu propia forma de mirarlo.
En tus obras hay una atención especial a la arquitectura popular, las calles, las fachadas y los pequeños detalles cotidianos. ¿Qué te interesa de esos espacios aparentemente comunes?
Precisamente que sean comunes. No necesito grandes monumentos para encontrar belleza. Muchas veces una casa sencilla o una calle cualquiera cuentan mucho mejor la identidad de un lugar que un paisaje espectacular. Me gusta invitar a mirar aquello que normalmente pasamos por alto.
¿Hasta qué punto trabajas desde la memoria y hasta qué punto necesitas tener el paisaje delante?
El proceso empieza siempre delante del paisaje. Necesito estar allí, observar y dibujar del natural. Ese primer contacto es fundamental porque ahí es donde realmente entiendo el lugar. Después, en el estudio, desarrollo la obra con calma. A veces utilizo alguna fotografía como apoyo para recordar un color o un detalle, pero el dibujo nace siempre sobre el terreno.
Vivimos rodeados de imágenes rápidas y consumo inmediato. Dibujar exige justo lo contrario: tiempo, paciencia y contemplación. ¿Crees que el dibujo es también una forma de resistencia?
De alguna manera sí. Hoy vemos miles de imágenes cada día sin detenernos apenas en ninguna. Dibujar exige tiempo, tanto al que dibuja como al que mira. Me gusta pensar que es una invitación a recuperar una forma de observar más pausada.
¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Empieza con un paseo, con una fotografía, con un cuaderno de apuntes o directamente con la obra final?
Casi siempre empieza caminando. Hay un momento en que un lugar me obliga a detenerme y saco el cuaderno. Necesito dibujarlo allí mismo porque es la mejor forma de entenderlo. Después, en el estudio, ese apunte se convierte en una obra más elaborada. La fotografía solo aparece, en ocasiones, como un apoyo para recordar algún detalle.
¿Hay alguna pieza reciente que haya supuesto un punto de inflexión para ti?
Sí. En esta exposición presento una obra inédita que, para mí, marca un paso importante en mi evolución. Mantiene la esencia de mi trabajo, pero abre una nueva línea en el tratamiento del color y de las texturas que quiero seguir explorando.
Cuando alguien contempla uno de tus dibujos, ¿qué te gustaría que ocurriera? ¿Qué tipo de experiencia esperas provocar?
No espero que piense en la técnica ni siquiera que reconozca el lugar. Me gustaría que se detuviera unos segundos más de lo habitual. Si consigo que alguien vuelva a mirar un rincón cotidiano con otros ojos, ya siento que el dibujo ha cumplido su función.
Como diseñador has ayudado a construir la identidad visual de muchas marcas. Como artista, ¿sientes que ahora estás construyendo tu propia identidad?
Sí, y probablemente sea el proyecto más complejo de todos. Una identidad artística no se diseña en unos meses. Se construye poco a poco, con el tiempo, las dudas y la evolución. Creo que sigo haciéndolo cada vez que empiezo una obra nueva.
¿Qué artistas, dibujantes o pintores han sido importantes en tu formación, aunque quizá no sean evidentes en tu trabajo?
Siempre he aprendido de muchos autores diferentes. Me interesan quienes consiguen emocionar con pocos elementos y quienes convierten la luz en una parte esencial de la obra. Más que seguir un estilo concreto, intento que todas esas influencias me ayuden a encontrar mi propia voz.
Mirando hacia atrás, ¿qué conversación tendrían el Miguel que empezó como diseñador en los años noventa y el Miguel artista que hoy expone su obra?
Creo que el diseñador le diría al artista que no dejara nunca de aprender, y el artista le daría las gracias por todos esos años de oficio. No siento que haya dejado una profesión para empezar otra. Todo forma parte del mismo camino.
¿Hay algún proyecto que todavía no hayas realizado y que te gustaría abordar en los próximos años?
Me gustaría seguir evolucionando sin perder autenticidad. Quiero que mi obra llegue a nuevos espacios y explorar otros paisajes sin dejar de mirar con la misma curiosidad. Menorca siempre será mi punto de partida, pero no necesariamente mi único destino.
Para terminar, si tuvieras que definir con una sola frase qué significa para ti dibujar, ¿cuál sería?
Dibujar es mirar el mundo como un niño, como si fuera siempre la primera vez.
