Binisafúa: Calas, ollas y biodiversidad

Binisafúa, junto a la ya mencionada Binibeca, configuran el primer sur del extremo oriental de Menorca. Acabamos de dejar atrás la curva natural de Punta Prima y Biniancolla, frente a la Isla del Aire, y nos adentramos en una zona plagada de magníficos chalets de alto standing y zonas residenciales en las que, en la mayor parte, veranean familias enteras, gozando de un clima y unas vistas al mar inigualables.
En su denominación oficial actual, para no perderse, el visitante las puede encontrar por sus nombres Binibèquer y Binissafúller, homónimas de sus principales calas de arena. Ambas gozan de parking cercano, agua cristalina, fina arena blanca y un clima favorable durante todo el año.
Los amantes del buceo, tanto de botella como de snorkel, coinciden en reconocer la incomparable belleza de las inagotables fauna y flora submarinas de la zona, y no son pocos los que repiten la experiencia.
Cabe destacar también que toda esta zona costera es de acantilado bajo de roca calcárea muy porosa, lo que ha permitido que a lo largo de los siglos la naturaleza construya inmejorables “ollas”, o entrantes en la roca, accesibles desde pequeños caminos de cemento plagados de vericuetos, al final de los cuales las parejas suelen encontrar el preciado maná de la intimidad para un inolvidable día de mar.
Al final de la zona de ollas se llega a la cala de Binisafúa, que es un arenal de 25 metros de ancho por 50 de largo eminentemente familiar, protegido del oleaje y sembrado de barquitas amarradas en el agua entre las que grandes y chicos se deleitan nadando y jugando al escondite.

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