Si no lo veo, no lo creo

El santo Tomás necesitó ver para creer, lo mismo le pasa al turista que descubre este fantástico arenal, homónimo del santo, de dunas de arena eternamente blanca, protegidas del paso de la gente por pasarelas de madera, en la que la afluencia no para hasta después de la caída del sol.
Esta playa es la hermana gemela más pequeña de Son Bou. Aquí los hoteles están en primera linea para que el alojamiento se convierta en privilegio. Como Son Bou, goza de todos los servicios posibles habidos y por haber: alquiler de tumbonas, patines y kayaks, restaurantes y tiendas a pie de playa, en fin, todo lo necesario para no tener que irse de aquí salvo que sea por capricho.
Aquí cabemos todos. Es medio kilómetro de imponente arenal, totalmente orientado al sur y sin ninguna interrupción visual en el horizonte, salvo las embarcaciones que van y vienen por aquí. Sus atardeceres son de película, hay accesos para discapacitados y, por si fuera poco, no termina: es apenas la puerta grande para descubrir Binigauss.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *