El barranco d’Algendar, mito y leyenda

La información que tiene Internet sobre el barranc d’Algendar es muy completa y minuciosa, tanto en descripciones como en imágenes. Es, sin la sombra de una duda, uno de los lugares más sorprendentes de Menorca; ya no por su exuberancia o por las leyendas que enarbola, sino por el efecto que tiene sobre las gentes que lo visitan.
Un buen día alguien te comenta que vale la pena verlo, otro día lees algo aquí y allá sobre lo que de característico tiene y, finalmente, acabas yendo a ver con tus propios ojos qué de verdad hay en todo eso. Desde ya recomiendo dos modalidades: o muy bien acompañado o completamente solo.
Es… verde, profundo, escarpado, intemporal, mágico, relajante, inquietante, glorioso, embriagador, desconcertante, húmedo, rocoso, regocijante y, en ocasiones, abrumador. Desde los primeros pasos se te comienza a holgar la ropa, a tersar la piel, a atiplar la voz y estás: vuelves a ser un crío. Buscas charcos que pisar, encinas por las que trepar, ramas que recoger y canciones que susurrar mientras te vas perdiendo por la frondosa garganta. Qué exótico es descender para sentirse en lo alto. ¿Qué cantarán tantos pájaros? ¿Cuántas generaciones de hortalizas han crecido en ese regadío tan obviamente secular? ¿Qué esconde el murmullo de sus aguas? ¿Qué importan las respuestas y las preguntas? ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¡Qué más da! Si aquí no pasa el tiempo, si nadie sabe a ciencia cierta cuántas cuevas esconden las rocas, si no se puede andar deprisa por miedo a perderse un ángulo nuevo con el rabillo del ojo. Sí. Hay que mirar por dónde se anda. Pero si te miras los pies dejarás de ver los jardines del rey moro, dejarás de intuir a los soldados que montan guardia allí arriba para desazón del que lo tenga que atravesar, dejarás de oler los mil musgos que respiran por aquí y dejarás de oír el lamento de la novia de Algendar que resuena por las paredes.
Entonces hueles el mar, estás llegando al final, tu cuerpo vuelve a su sitio, recuperas el semblante hosco del adulto que nunca podrá sentir lo que tu niño interior sintió… en Algendar.

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