Es Grau, la playa que nunca cubre

Es Grau es un antiguo poblado de pescadores muy cercano a Maó y cuya costa está protegida y salvaguardada por la isla dels Coloms. El pueblo es una delicia y en él puede uno perderse paseando, no mucho, pues es muy pequeño, y deleitarse con un picoteo en cualquiera de sus bares o de un buen pescado fresco en sus restaurantes más tradicionales.

Es mucho el encanto del pueblo y es mucho el encanto de la playa colindante. El aparcamiento está muy a mano y la playa es la preferida de las familias con niños. La razón más obvia es porque la extensión de arena en la que el agua no llega ni a las rodillas es de casi treinta metros. La razón no tan obvia es que los papás se pueden tomar algo tranquilamente mientras los pequeños se lo pasan pipa en total seguridad. Se puede pedir más, pero difícilmente mejor, ya que los peques, una vez lo han probado, siempre querrán volver.

Aquí hay muy buen servicio de autobús desde Maó, y es el lugar que da nombre al Parque Natural de la Albufera de Es Grau, más de 5.000 hectáreas de naturaleza protegida, un área protegida de renombre mundial por la riqueza de su población avícola y la diversidad de su ecosistema. Amor a primera vista.
Los nadadores expertos tienen en Es Grau un bonito desafío pues, con toda la prudencia que requiere el pasar a través del intenso trajín de embarcaciones que circulan por la isla dels Coloms, se pueden dar una panzada inagotable de descubrimientos, tanto por el litoral de la isla como por las diminutas calas frente a las que fondean y pernoctan los más curtidos veleros y los más fastuosos yates, deseosos de la intimidad que no encuentran en los puertos deportivos.

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