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“Un paso más en el ‘procés’ español”

Un artículo de Pep Ignasi Aguiló

Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez.

El resultado de las elecciones vascas, efectivamente, supone un paso más en el “procés” español liderado por Pedro Sánchez (ver: https://www.mallorcadiario.com/el-proces-espanol-pep-ignasi-aguilo). Los resultados, y las posteriores declaraciones de los candidatos, dejan meridianamente claro el camino que se va a seguir, que no es otro que el ya iniciado a través de la alianza PSOE-Nacionalistas para ir avanzando en una transformación constitucional no declarada. El objetivo, todavía algo borroso, es establecer un régimen de tipo confederativo que asegure un determinado reparto de poder que les resulte favorable.

Bildu necesita al PSOE en el gobierno español, al tiempo que Sánchez necesita al PNV, por lo que los pactos a establecer también se pueden adivinar. Imanol Pradales será investido lehendakari. De hecho, desde la convocatoria electoral, éste ha sido el auténtico candidato de Pedro Sánchez. Por su parte, los de Otegi, hoy por hoy prefieren conseguir la libertad de los presos de ETA que todavía cumplen condena (mediante terceros grados que eviten debates), la unión con Navarra, dar una nueva vuelta de tuerca a la liquidación de símbolos españoles y, en el extremo, avanzar hacia un sistema judicial segregado. Por supuesto, también el control de la inmigración.

España ya tiene poca presencia en el País Vasco, sin embargo, tendrá mucha menos en el transcurso de esta legislatura, especialmente en materia educativa, y lo hará sin posibilidad de vuelta atrás. En Cataluña ocurrirá algo similar, aunque con diferencias apreciables. La más importante de todas, en mi opinión, será el papel del Partido Popular. Pues, me inclino a pensar que los magros resultados obtenidos, el pasado domingo se revertirán notablemente el próximo día 12 de mayo. Principalmente por el marcado perfil propio adoptado por el candidato catalán finalmente elegido.

El drama es que la mutación constitucional que ha puesto en marcha Sánchez, y el partido socialista, se realiza excluyendo a media España. Invocando, otra vez más, la reaparición de los viejos demonios de este país. Pues para que un sistema de partidos funcione correctamente es necesario que exista acuerdo fundamental en las bases para, así, posibilitar una alternancia en el poder, no traumática, que permita la rendición de cuentas y que proteja a los ciudadanos de los potenciales abusos gubernativos.

Sin embargo, cuando las diferencias se expresan -tal como está ocurriendo- de manera sustancialmente negativa, los ánimos se destruyen y se imposibilita el esclarecimiento de lo conveniente. Acto seguido, consecuentemente, los hábitos políticos tienden a menospreciar la objetividad, sustituyéndola por un maniqueísmo simplón que niega el pan y la sal al contradictor. En definitiva, cuando los partidos principales dejan de subordinar sus intereses sectoriales a los generales del país, las leyes y los decretos se vuelven “de grupo”, es decir, injustos y desmoralizantes. Este parece ser el triste panorama que tenemos por delante, motivado por la falta de lealtad institucional y la excesiva ambición de poder de algunos.

El Partido Popular, aunque en este momento representa los genuinos valores constitucionales esenciales, no está exento de culpa. En parte por no oponerse a aquellas leyes que fueron declaradas constitucionales solo después de enormes presiones sobres los miembros del tribunal que las tenía que calificar. Tal como ocurrió con la ley de violencia de género. Y en parte, por aceptar las subastas desleales de los partidos nacionalistas, sin realizar propuestas propias sobre temas territoriales esenciales, tal como es el caso de la financiación autonómica y otros.

De todos modos, la operación puesta encabezada por Sánchez únicamente se podrá revertir si la parte de la sociedad española, aquella que no comulga con el cambio de régimen encubierto, es capaz de seducir a un número suficiente de electores del otro lado. Para lo cual tiene que aglutinarse y tener la valentía de realizar y difundir propuestas concretas, que no sólo desenmascaren las intenciones del actual presidente, sino que además sean capaces de ofrecer una alternativa preferible por coherente y optimista.


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