Año 2024:
Gracias PADRE, por todo cuanto me diste en este año que se fue.
Gracias por el agua que tengo, por los alimentos, por la ropa que me viste y por el hogar que me cobija.
Gracias por la vida, la salud, la familia, por los momentos reídos con mis amigos e hijos.
Gracias por los que me quieren y también por los que no.
Gracias porque, cuando he tenido dudas, Tú estabas a mi lado para ayudarme.
Por los días maravillosos que me has regalado y también por los días tristes y dolorosos que he tenido.
Por la paz, por las personas con quienes he podido disfrutar de la vida, por los que amo y me aman.
Gracias MARÍA, por tu mirada maternal, por tus intercesiones, tu ternura, tus auxilios y tus orientaciones.
Año 2025:
Todos los años, cuando llegan estas fechas, nos deseamos un “feliz año nuevo”. Y yo pregunto: ¿dónde está lo nuevo del año? ¿Quizás en que cambiamos un calendario por otro? ¿Qué me aporta a mí este cambio? Nada, a no ser que cambie yo. Que haya algo nuevo en el año nuevo depende de mí.
No es nada fácil que aparezcan novedades en el terreno social o político, porque lo que buscan unos y otros es conservar o incrementar lo que tienen. No quieren cambiar, en todo caso, quieren que cambien los otros. Seguro que seguiremos con las mismas guerras, las mismas pocas ganas de ayudar a los necesitados, las mismas disputas y descalificaciones entre los partidos políticos.
Esta mirada pesimista, para ajustarse a la realidad, debe completarse con otras perspectivas y actitudes que también continuarán durante el próximo año: seguirá habiendo gente que ayuda a los náufragos, se preocupa por los ancianos y enfermos, lucha por conseguir mejores leyes sociales, se sacrifica por los demás.
Muchas de estas cosas positivas no parecerán nuevas, porque serán continuación de lo que ya había y, además, pocos son conscientes del valor que tienen, pero en ellas está la verdadera novedad. La bondad siempre es nueva, siempre se renueva, siempre rejuvenece. Lo nuevo del año nuevo serán las personas buenas.
En esta línea, es posible desearnos unos a otros un feliz Año Nuevo. Porque si la novedad está en la bondad, entonces seguro que también seremos felices. Solo en el bien hay felicidad. En el mal puede haber excitación, pasión y, por supuesto, obcecación, pero no verdadera felicidad. Porque la felicidad buena es la que produce contemplar y buscar el bien de los demás que, paradójicamente, coincide con el bien propio. El que busca la felicidad de los demás, ese, y sólo ese, trabaja por su propia felicidad.
Desde este humilde espacio en el que vierto mis reflexiones, más o menos acertadas, deseo a todos mis lectores un “Feliz Año Nuevo”. Si logramos que el año 2025 sea nuevo con la eterna novedad de la bondad, entonces también tendremos un año feliz y habrá paz en la tierra.