Visites culturals
Govern  Libre Elección Lengua
Govern  Foc
Govern Bons Producte Local
Balearia

Los miedos que nos atenazan

Los miedos que nos atenazan
Seguramente, incluso las personas en apariencia más seguras y más valientes pueden llegar a vivir condicionadas por algún tipo de miedo, por alguno de los miedos que suelen afectarnos a la mayor parte de seres humanos. Dichos miedos posiblemente hayan aumentado además en número o en intensidad en estos últimos meses, a causa de la pandemia y de todos sus posibles efectos.
Como sabemos bien, hay muchos tipos de miedo, a veces se diría que casi infinitos. Miedo a sufrir, al dolor, a la pobreza, al desamparo, a la enfermedad, al sentimiento de culpa, a perder el trabajo o a no poder encontrar uno. Miedo a la soledad, al amor, al desamor, a no ser aceptados por los demás, a ir envejeciendo, a nuestra propia desaparición física o a la de nuestros seres queridos. Miedo a la felicidad, a la infelicidad, a vivir, a sentir, a cambiar, a descubrir, a experimentar. Miedo también al pasado, al presente o al futuro. Miedo al propio miedo.
Muchos son, pues, los miedos que pueden hacer acto de presencia en el interior de nuestra mente, siempre tan misteriosa e indescifrable, aunque sólo sea para recordarnos lo frágiles, lo extremadamente frágiles, que somos o que podemos llegar a ser en muchas ocasiones. Aun así, rara vez solemos reconocer ante los demás que, efectivamente, tenemos tal o cual miedo, tal o cual inquietud, por el temor —otra vez el miedo— a no ser entendidos, o a ser marginados de alguna forma, o a que no cuenten con nosotros.
Vivimos en una sociedad a menudo tan exigente y tan competitiva que, de alguna forma, no sólo se penaliza a quienes reconocen que tienen algún tipo de inseguridad o de miedo, sino que además también se critica a menudo a quienes expresan empatía, ternura o compasión hacia los demás. En ese sentido, algunos de nuestros gestos más nobles o más humanos suelen ser entendidos hoy como muestras de debilidad o de flaqueza por parte de determinadas personas. Aun así, o quizás por ello mismo, nunca deberíamos dejar de hacer esos honrosos y necesarios gestos.
El miedo a veces nos paraliza por completo y otras veces nos moviliza a actuar. En última instancia, para poder seguir adelante en el camino de la vida, tenemos siempre la posibilidad y la libertad de acabar asumiendo poco a poco nuestros miedos, algo que en cierto modo puede ser también una forma de llegar a controlarlos, dominarlos y, finalmente, vencerlos.
X

Xisco Cruz

Periodista de Menorca al Dia