La ciudad se ha poblado de operarios que poco a poco han ido devolviendo a las arterias su fisonomía habitual tras el último jaleo del martes.
La plaça Constitució, sin ir más lejos, ha sido limpiada y ya no queda ni rastro de la fiesta.
Una fiesta que acabó de forma abrupta después de que la lluvia hiciera acto de presencia, algo que no permitió que se completasen todas las "corregudes".
Tampoco posibilitó que una multitud que se congregaba en el centro de Maó pudiera continuar con la fiesta, ya que cayó mucha agua en muy poco tiempo.
