La fiesta se bajó al puerto de la mano de "na Guida" y "en Tomeu", todavía asombrados por los castillos que sus amigos "Castellers de Vilafranca" habían levantado a primera hora de la tarde en la plaza Constitución, y que repitieron en pleno puerto. Todavía llegó a tiempo de asistir a las primeras actividades que se desarrollaban en la lámina de agua -nadadores, motos acuáticas, regatas de piraguas- y asistir al pasacalle de la Banda de Música.
La fiesta, que se había pasado el fin de semana vestida con camisetas holgadas, pantalones más cortos que largos y zapatillas de batalla, sacó sus mejores galas, se puso tacones, se pintó los labios, se esmeró en el peinado y no olvidó coger el abanico, porque el calor también estuvo presente en la última jornada.
La fiesta se acompañó de melodía y ritmo para llenar todo el Paseo del Puerto, desde el Moll de Llevant al de Ponent, de baile y canción tradicional menorquina, duende andaluz, gospel, swing y charanga, de gimnasia rítmica y animación para todas las edades.
La fiesta, golosa, se demoró en cajas de pizza que hacían las veces de mesa y en mesas en las terrazas repletas de ricos manjares, servidas por camareros-malabaristas, o colocadas a pie de escalerilla de barco, surtidas de pan y queso, y sobrasada, y langostinos, cerveza y vino, se tomó un bocata y se refrescó con helados o pomada.
En algún momento, le dio por pensar que ojalá el puerto pudiese tener siempre tanta vida como esta noche; deseó que lo de la señora que había sido evacuada en ambulancia tras resbalar en la Costa de la Miranda se quedase en un susto, como el resto de incidentes de estos días; y agradeció, íntimamente, el cariño y la implicación de tantas y tantas personas para que todo hubiese salido perfecto.
Sin perder la sonrisa, se sentó en los muelles o en las escaleras de Ses Voltes y del Martímo, se asomó a los miradores y a los balcones, se dejó mecer en pequeñas barcas, esperando los fuegos. Y cuando los fuegos habían dejado bocas abiertas y ojos como platos, perfumada de pólvora, con la mirada llena de luz y color, y el corazón ilusionado, contando los días hasta el próximo septiembre, la fiesta se fue a dormir.
