Compañeros tóxicos: cómo descubrirlos y protegerte

Ignorar ciertas actitudes no es aconsejable a largo plazo

Es importante saber cuidar nuestro entorno laboral. (Foto: GETTY IMAGES-AMIC)
Es importante saber cuidar nuestro entorno laboral. (Foto: GETTY IMAGES-AMIC)

Eva Remolina/AMIC


En todos los trabajos hay personas con las que conectas más y otras con las que no tanto. El problema aparece cuando esta incomodidad no es puntual, sino constante. Cuando hay alguien que, de una manera u otra, acaba generando mal ambiente, tensión o desgaste.

No siempre es fácil identificarlo de entrada. A veces no es la persona que más grita ni la más conflictiva. Puede ser alguien que hace comentarios con doble intención, que critica por la espalda o que parece colaborador, pero acaba desviando responsabilidades. También hay quien adopta el papel de víctima constante, haciendo que todo parezca culpa de los demás, o quien compite de manera poco sana, intentando destacar a costa del equipo.

Una señal bastante clara es cómo te hace sentir. Si después de interactuar con esta persona acabas agotado, frustrado o con la sensación de tener que llevar cuidado con todo lo que dices, probablemente no sea casualidad. El cuerpo y la intuición suelen detectar estas dinámicas antes de que las podamos racionalizar.

También es habitual que este tipo de comportamientos sean sutiles. No siempre hay grandes conflictos visibles, sino pequeñas acciones repetidas: interrupciones constantes, desprecio encubierto, información que no llega cuando debería llegar o méritos que se diluyen. De forma aislada, puede parecer poca cosa, pero, sumado a lo largo del tiempo, pesa.

Ante esto, la primera reacción suele ser restarle importancia. Pero ignorarlo no suele ser una buena estrategia a largo plazo. Poner límites es clave. Esto no significa entrar en confrontación directa a la mínima, sino dejar claro, con calma y firmeza, qué es aceptable y qué no.

También ayuda mucho cuidar la comunicación. Evitar entrar en juegos de crítica o cotilleo, ser claro con la información y, si es necesario, dejar constancia de decisiones o acuerdos por escrito. No es cuestión de desconfiar de todo el mundo, pero sí de protegerse cuando la situación lo requiere.

Buscar apoyo dentro del equipo o hablar con un responsable puede ser útil, sobre todo si el comportamiento afecta a más personas. A veces, lo que parece un problema individual es, en realidad, una dinámica más extendida. Compartirlo puede ayudar a ponerle nombre y a encontrar soluciones.

No siempre se puede cambiar el entorno, ni a las personas con las que trabajas. Pero sí se pueden tomar decisiones para no quedar atrapado en dinámicas que desgastan. A veces es cuestión de ajustar la manera de relacionarse; otras, de replantearse si ese es el lugar donde quieres continuar.

R

Redacción

Periodista de Menorca al Dia