El histórico Palacio del Barón de las Arenas, antiguo Cine Victoria y actual sede de Cayón Menorca en Maó, se convertirá este verano en punto de encuentro para tres nombres clave del arte español del siglo XX. La galería abrirá el próximo 8 de junio una doble propuesta expositiva, con Antoni Tàpies por un lado y José Guerrero y Esteban Vicente por otro.
En las salas principales se presentará El juego de saber mirar, dedicada a Tàpies y centrada en los últimos años de su trayectoria, mientras que el sótano acogerá Guerrero / Vicente, un diálogo entre los dos artistas españoles vinculados a la Escuela de Nueva York y al Expresionismo Abstracto americano. Ambas muestras podrán visitarse hasta el 29 de agosto.
Antoni Tàpies: El juego de saber mirar
La exposición dedicada a Antoni Tàpies reúne una selección de veinticuatro obras del artista, realizadas sobre lienzo, madera y papel entre 1981 y 2009, ofreciendo un recorrido por los casi treinta últimos años de su trayectoria. Se trata de una etapa de plena madurez e intensidad, que permite aproximarse a la fuerza de su lenguaje y a su característico estilo matérico.
La muestra coincide, además, con la reedición por parte del Museu Tàpies, en catalán y en castellano, de La práctica del arte, obra clave de su pensamiento. Publicada originalmente en los años setenta, reúne textos escritos entre 1950 y 1970, en los que el artista reflexiona sobre la libertad, la creación artística y el lugar del arte en la experiencia contemporánea. Tàpies se sitúa en la generación que rompe con la pintura tradicional, junto a artistas como Cy Twombly y Robert Rauschenberg, en un momento de transición entre la modernidad y las nuevas prácticas del siglo XX.
En el texto que da título a la exposición, Tàpies plantea que la mirada debe liberarse de lo que algo “debería ser”. Desde esta premisa, su trabajo rechaza todo elemento externo a la obra: en sus piezas, la separación entre figura y materia desaparece. Aunque cercanas a la abstracción, sus obras se conciben como superficies en continua transformación donde es la materia la que genera la forma.
Tàpies se define como un artista realista, interesado en mostrar la realidad al margen de la figuración tradicional. Rechaza lo literario y se centra en lo matérico, en lo cambiante, incorporando materiales no convencionales —como el polvo de mármol— que lo llevan a trabajar en ocasiones en horizontal, un gesto fundamental que transforma su lenguaje pictórico.
Tàpies busca que la pintura, entendida ante todo como materia, no oculte su propia materialidad. Por ello introduce marcas, incisiones o cruces que posteriormente corta o reinterviene, subrayando la idea de que todo es una construcción, incluso la materia. En este contexto, su práctica se articula como una mímesis ampliada: no representa, sino que incorpora huellas de lo real. Las impresiones de objetos cotidianos sobre la superficie capturan la carga vital de estos, haciendo de la materia un registro tanto del espacio como del tiempo.
Este enfoque tiene su origen en los cartones que comienza a realizar en los años cuarenta. En relación con ello, la exposición dedica un espacio específico a la obra sobre papel, fundamental en su práctica, donde se aprecia con especial claridad su experimentación con la materia y el proceso.
Desde entonces, elementos como el color marrón —vinculado a la tierra y al cuerpo— y la incisión se vuelven centrales. También lo es la noción de límite: lejos de cerrar la obra en torno a sus bordes, Tàpies la abre, sugiriendo que forma parte de un proceso de construcción más grande que la propia obra.
Guerrero / Vicente
La exposición Guerrero / Vicente propone un recorrido en torno a los dos únicos artistas españoles que formaron parte plenamente —pero con un particularísimo uso del color— de la Escuela de Nueva York y, por tanto, de una de las corrientes artísticas más influyentes del siglo XX: el Expresionismo Abstracto americano.
A pesar de sus diferencias generacionales —Esteban Vicente nació en 1903 en Turégano, Segovia, y José Guerrero en 1914 en Granada—, ambos compartieron una formación inicial en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y completaron su aprendizaje en París, donde entraron en contacto con las vanguardias europeas. Posteriormente, en distintos momentos marcados por el contexto histórico, se trasladaron a Estados Unidos, donde consolidaron sus trayectorias y desarrollaron un lenguaje plenamente abstracto.
Desde comienzos de los años cincuenta, ambos artistas mantuvieron afinidades con la primera generación de la llamada Escuela de Nueva York, aunque desarrollando lenguajes profundamente personales. Vicente construyó una pintura basada en armonías cromáticas vibrantes y formas suspendidas, cercanas a una percepción atmosférica de la luz y el paisaje. Guerrero, por el contrario, desarrolló una pintura más gestual y estructural, donde el color y el negro articulan tensiones espaciales dentro del lienzo.
La exposición, a través de 26 obras de ambos artistas, se centra en las últimas décadas de producción de ambos creadores, un periodo de plena madurez en el que sus lenguajes alcanzan una especial libertad formal.
En estas obras finales se hacen especialmente visibles sus maneras radicalmente distintas, aunque igualmente válidas, de entender la pintura: mientras Guerrero concibe el cuadro como un espacio de energía y tensión compositiva, donde la pincelada se hace visible y el color adquiere una intensa fuerza expresiva, Vicente desarrolla una pintura más abierta y luminosa, construida a partir de delicadas relaciones cromáticas y entendida como un collage. De ahí su afirmación de que, para él, pintura y collage eran lo mismo.
La muestra pone así en diálogo dos trayectorias fundamentales para comprender la dimensión internacional del arte español del siglo XX y la singular aportación de ambos artistas al desarrollo del Expresionismo Abstracto americano.
La exposición irá acompañada de la edición de un catálogo que recupera, para esta ocasión, textos de José María Parreño e Inés Vallejo Ulecia publicados originalmente en el catálogo de la muestra Guerrero-Vicente, organizada por el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente de Segovia en 2019 y el Centro José Guerrero de Granada en 2020.
