La berenjena de Ciutadella y la cebolla blanca de Menorca se han incorporado este año al banco de semillas del Institut de Recerca i Formació Agroalimentària i Pesquera (IRFAP), dentro del trabajo que desarrolla este organismo para recuperar y conservar variedades agrícolas tradicionales de Baleares. A partir de ahora, ambas iniciarán su proceso de conservación, caracterización y regeneración.
Estas dos variedades menorquinas figuran entre las nuevas incorporaciones realizadas este año, junto al ajo mallorquín y la berenjena morada larga. El banco del IRFAP conserva centenares de variedades locales de hortalizas y cereales, cuyas semillas se mantienen en condiciones adecuadas y se regeneran periódicamente para garantizar su viabilidad.
La Conselleria de Agricultura, Pesca y Medio Natural explica que el objetivo de este trabajo no se limita a almacenar las semillas, sino también a estudiar y documentar las características de cada variedad y, cuando sea posible, facilitar que puedan volver a cultivarse en las explotaciones agrícolas.
El conseller de Agricultura, Pesca y Medio Natural, Joan Simonet, ha destacado que «conservar nuestras variedades locales es conservar una parte de nuestro patrimonio agrario», aunque ha señalado que el objetivo del Govern es que este patrimonio «siga vivo, que vuelva al campo y que nuestros agricultores puedan continuar cultivándolo».
Para que una variedad tradicional pueda producirse y comercializarse legalmente es necesario avanzar también en su inscripción en el Registro de Variedades Comerciales. Por este motivo, una de las líneas de trabajo del IRFAP consiste en tramitar la inscripción de determinadas variedades locales como variedades de conservación, lo que permite posteriormente que las empresas productoras de semillas puedan multiplicarlas y comercializarlas.
Durante este año, el organismo ha solicitado el registro del tomate de Valldemossa, el tomate Cor de Bou, el guisante de hervir y el guisante de desgranar. Asimismo, ya ha sido aprobado el registro de la cebolla roja de Andratx, la lenteja mallorquina y el haba negra, cuyas semillas pueden producirse y comercializarse oficialmente.
Simonet ha incidido también en la importancia de la investigación para preservar la biodiversidad agrícola y ha recordado que detrás de cada semilla existen «años de selección y de conocimiento de generaciones de agricultores». «Tenemos la responsabilidad de conservar ese legado, estudiarlo y ponerlo de nuevo al servicio del sector», ha afirmado.
