En pocos años, las pantallas se han integrado completamente en la vida cotidiana de los niños y niñas en Menorca. Tablets, móviles, ordenadores y televisores están presentes tanto en casa como en las aulas, generando un debate cada vez más extendido: ¿realmente ayudan a aprender mejor o pueden dificultar el desarrollo infantil?
La respuesta no es sencilla. Las pantallas, por sí mismas, no son ni buenas ni malas. Todo depende del uso que se haga de ellas: cómo, cuándo y con qué objetivo. Existen aplicaciones educativas bien diseñadas que pueden reforzar habilidades como la lectura, el cálculo o incluso la creatividad. Además, el acceso a contenidos digitales permite a los menores explorar temas que no siempre se abordan en la enseñanza tradicional.
Sin embargo, el problema surge cuando el uso es excesivo o carece de supervisión. Diversos estudios señalan que pasar demasiadas horas frente a una pantalla puede afectar a la capacidad de atención. Los niños se acostumbran a estímulos rápidos y constantes, lo que dificulta su concentración en actividades que requieren más paciencia, como la lectura o la resolución de problemas.
Otro aspecto a tener en cuenta es el desarrollo social. Aprender no solo implica adquirir conocimientos, sino también interactuar, comunicarse y comprender las emociones de los demás. Cuando el tiempo de pantalla sustituye el juego con otros niños o la interacción con adultos, se pierden oportunidades clave para desarrollar estas habilidades.
El descanso también juega un papel fundamental. El uso de dispositivos antes de dormir puede afectar a la calidad del sueño, un factor esencial para consolidar lo aprendido durante el día. Un menor que no descansa bien tiene más dificultades para mantener la atención y retener información en el aula.
Ante esta situación, los especialistas coinciden en que la clave no está en prohibir las pantallas, sino en encontrar un equilibrio. Establecer límites claros de tiempo, seleccionar contenidos adecuados y acompañar a los niños en su uso puede marcar una gran diferencia. Actividades como ver un vídeo juntos o comentar un juego transforman el consumo pasivo en una experiencia compartida y enriquecedora.
En Menorca, donde la educación y el bienestar infantil son prioridades para muchas familias, este debate sigue creciendo con el objetivo de lograr un uso responsable y beneficioso de la tecnología desde edades tempranas.
*Un artículo de Eva Remolina (AMIC) para Menorcaaldia.com
