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Carmen López Alzina: «La música no solo me gusta cantarla; me gusta contarla»

Con una trayectoria ligada a formaciones como Siboney, Megastars, Starpeople, Somni y, actualmente, Salero Latino, Carmen ha hecho del escenario su segunda casa

Imagen promocional de Carmen López Alzina. Foto cedida por Carmen López realizada por Joan Mercadal.
Imagen promocional de Carmen López Alzina. Foto cedida por Carmen López realizada por Joan Mercadal.

Una entrevista de Adriana Moll

Hablar con Carmen López Alzina es descubrir que, detrás de una voz capaz de moverse con naturalidad entre estilos muy distintos, hay una mujer cercana, sencilla y profundamente enamorada de la música.

Con una trayectoria ligada a formaciones como Siboney, Megastars, Starpeople, Somni y, actualmente, Salero Latino, Carmen ha hecho del escenario su segunda casa. Pero también ha comprobado que una canción puede ser mucho más que un espectáculo: puede despertar recuerdos, emocionar y acompañar a las personas en los momentos más difíciles.

Nos sentamos con ella para compartir un café y una conversación sin prisas. El resultado es una entrevista en la que habla de sus comienzos, de su familia, de la musicoterapia, de los nervios antes de salir al escenario y de esa forma tan especial que tiene de entender la música: como un puente directo hacia las emociones.

Café con Carmen López Alzina

“La música no solo me gusta cantarla; me gusta contarla”

Carmen, imagina que hoy no estamos haciendo una entrevista. Estamos tú y yo tomando un café, sin prisas, hablando de música y de la vida.

Empezamos por el principio…

Cuando bajas del escenario, ¿quién es Carmen López Alzina?

Cuando bajo del escenario sigo siendo una persona muy curiosa y trabajadora. Me gusta observar, aprender y cuidar de la gente que quiero. Y, sobre todo, crear.

Disfruto de los momentos sencillos, de una buena conversación y de seguir creciendo, tanto personal como profesionalmente. El escenario es una parte muy importante de mí, pero no me define por completo. Lo que ocurre encima de él nace precisamente de quién soy cuando nadie me está mirando.

En el fondo soy una persona sencillamente normal.

¿Recuerdas cuál fue la primera vez que sentiste que cantar no era simplemente algo que hacías, sino algo que necesitabas hacer?

La música siempre ha estado en mi vida, desde que era muy pequeña.

Recuerdo un programa de televisión que emitían los sábados y que se llamaba Aplauso. Salían artistas cantando y yo me ponía los tacones de mi madre, me pintaba los labios, cogía un cepillo que hacía de micrófono, me subía a una silla… y me ponía a cantar. Creo que, sin saberlo, aquel ya era mi primer escenario.

Menorca tiene una manera muy especial de marcar a quienes nacen aquí. ¿Cuánto hay de Menorca en tu forma de cantar?

Muchísimo.

Menorca no solo es el lugar de donde vengo; es el lugar desde donde canto. Mi voz ha crecido entre su silencio, su mar y su luz. Menorca es paz, y todo eso forma parte de mi manera de sentir la música.

Si pudieras volver a un momento concreto de tus comienzos, ¿cuál elegirías?

Sin ninguna duda volvería a vivir un verano con la Orquesta Siboney.

Fueron años inolvidables en los que aprendí muchísimo sobre un escenario. Con mis compañeros vivimos tantísimas anécdotas… Es una etapa que recuerdo con muchísimo cariño.

Todos esos caminos que has recorrido

Has pasado por diferentes grupos y formaciones musicales. Hagamos memoria. ¿Por cuáles has pasado y qué te aportó cada uno?

Empecé con la Orquesta Siboney. Después montamos durante un verano un grupo para actuar en hoteles que se llamaba Serena.

Más tarde, los tres cantantes de Siboney —mi hermano Carlos, Nico y yo— creamos un espectáculo llamado Megastars. Después llegó Starpeople, junto a mi otro hermano, Joe Mina.

También viví una etapa muy especial con Somni, un proyecto precioso junto a Joe, en el que interpretábamos temas como The Prayer, The Impossible Dream o Time to Say Goodbye. Aquellas canciones me descubrieron un mundo nuevo.

Y ahora mismo formo parte de Salero Latino, un espectáculo lleno de ritmo y alegría que comparto con Anderson, mi marido. Al final, seguimos haciendo música… en familia.

Aunque, si soy sincera, lo primero, primero, primero que hice fue cantar con mis hermanos cuando éramos pequeños. Interpretábamos canciones de dibujos animados y Carlos era quien nos dirigía un poco. Ahí empezó todo.

¿Hay alguna de esas etapas a la que guardes un cariño especial?

Es muy difícil elegir una.

He crecido y aprendido con todas. Nunca dejas de aprender, de experimentar y de conocer mejor tu herramienta de trabajo, que es tu propia voz. Cada proyecto me ha regalado algo diferente y todos forman parte de la persona y la cantante que soy hoy.

Has trabajado muchas veces con tus hermanos. ¿Cómo es compartir escenario con ellos?

Tiene sus pros y sus contras, como todo, pero el feeling es increíble. A veces basta una mirada para entendernos.

Más de una vez nos preguntaron si Joe y yo, o Carlos y yo, éramos pareja porque había una conexión muy especial sobre el escenario.

He aprendido muchísimo con ellos y también con todos los compañeros con los que he compartido escenario durante estos años.

¿Qué has aprendido de cantar en grupo que quizá no habrías aprendido siendo únicamente solista?

Te voy a contar una anécdota.

Cuando empecé con Siboney ensayábamos en una sala y yo tenía tanta vergüenza que, cuando me tocaba cantar, me iba a la escalera para que nadie me viera.

Me costó mucho superar esa timidez, pero gracias a mis compañeros lo conseguí. Ellos me dieron la confianza que necesitaba para creer en mí.

¿Y qué tiene de bonito —y también de aterrador— quedarse sola frente al público?

Quedarse sola frente al público tiene una mezcla muy extraña de belleza y vértigo.

Durante unos minutos ya no hay dónde esconderse. Todo lo que eres queda expuesto.

Si ahora reuniéramos alrededor de esta mesa a todos los músicos con los que has trabajado, ¿qué crees que dirían de ti?

(Ríe.)

¡Uy, esa pregunta tendrías que hacérsela a ellos!

Esa voz que parece no querer tener fronteras

Una de las cosas que más llama la atención de tu voz es su versatilidad. Puedes moverte por estilos muy distintos. ¿Te consideras una cantante camaleónica o simplemente alguien a quien le gusta explorar?

Me gusta explorar.

He trabajado muchos estilos diferentes y todos me han aportado algo. Cada uno te enseña una manera distinta de interpretar, de respirar la música y de comunicar. Creo que nunca dejas de aprender.

¿Ha habido algún estilo que hayas descubierto por sorpresa y hayas pensado: “Pues resulta que esto también puedo cantarlo”?

Sí. Sin duda fue la etapa de Somni, junto a mi hermano Joe.

Fue una experiencia maravillosa. Interpretábamos temas como The Prayer, The Impossible Dream o Time to Say Goodbye, y aquello supuso un descubrimiento para mí.

Recuerdo que cuando tenía quince años mi profesora de canto, Sabine, siempre me decía: “Tú tienes que cantar ópera”. En aquel momento ese estilo no me llamaba demasiado la atención, pero la vida da muchas vueltas… y años después terminé enamorándome de esa música.

¿Te reconoces cuando te escuchas en una grabación?

(Ríe.)

La verdad es que nunca me ha gustado escucharme en una grabación.

¿Qué es más difícil para ti: una canción técnicamente complicada o una aparentemente sencilla que te obligue a desnudarte emocionalmente?

Las dos son un reto, y precisamente por eso me gustan.

Hay canciones sencillas que consiguen sacar tu lado más emocional y crear una magia muy especial entre el público y tú. Es una conexión que cuesta explicar con palabras.

Y luego están esas canciones técnicamente difíciles que, cuando consigues sacar adelante, te dan muchísima fuerza. Son las que te empujan a seguir aprendiendo y, sobre todo, a creer más en ti.

¿Alguna vez has tenido miedo de que la voz no respondiera en un momento importante?

Sí.

Tengo un enemigo declarado: el aire acondicionado.

Me ha pasado llegar a una actuación importante y que en la sala estuviera el aire acondicionado muy fuerte. En cuestión de minutos me quedo sin voz. Me afecta muchísimo.

Y sé que no soy la única; conozco a bastantes cantantes a los que les ocurre exactamente lo mismo.

La música que también cura

Hay otra faceta tuya que me parece especialmente bonita: la musicoterapia. ¿Cómo llegaste hasta ella?

Curiosamente, todo empezó durante el confinamiento.

Durante aquellos meses hice muchísimos conciertos en directo a través de Facebook. Al principio estaba completamente perdida, pero una persona muy especial me ayudó a ponerlo todo en marcha.

A través de los mensajes que me llegaban fui dándome cuenta de cuánto estaba ayudando la música a quienes estaban al otro lado de la pantalla.

Mis vecinos, nada más terminar un concierto, ya me preguntaban cuándo sería el siguiente. Durante un rato conseguíamos olvidarnos de todo lo que estaba pasando.

No fue una época fácil para nadie. A ellos les ayudaba la música… pero a mí también. Al final fue una terapia para todos.

¿Qué descubriste trabajando con personas mayores?

Trabajé en el Centre de Dia y fue una experiencia maravillosa.

Era emocionante ver sus caras cuando reconocían canciones de su juventud. De repente viajaban a otra época de sus vidas y empezaban a compartir recuerdos con todos.

Hay personas que quizá ya no recuerdan su propio nombre, pero son capaces de cantar completas las canciones que marcaron su vida. Eso emociona muchísimo.

Para mí era un auténtico regalo.

¿Hay alguna persona a la que recuerdes especialmente?

Sí. Antoñita.

En sus últimos tiempos estaba bastante tristona, pero bastaba con ponerle Estos celos, de Vicente Fernández.

A veces no solo la cantaba… también se levantaba a bailar.

Cada vez que me acuerdo de ella, sonrío.

¿Has vivido algún momento en el que hayas sentido claramente que una canción estaba haciendo algo por alguien que las palabras no podían conseguir?

Sí, muchas veces.

He visto a personas emocionarse profundamente mientras escuchaban una canción. Y yo soy tan sensible que termino conectando con esa emoción y emocionándome también.

Es una sensación única.

Recuerdo especialmente una noche con mi hermano Joe.

Estábamos actuando en un hotel y el público estaba muy cerca de nosotros. Empezamos a cantar Barcelona, la canción de Freddie Mercury y Montserrat Caballé.

Poco a poco nos dimos cuenta de que había gente llorando.

La emoción fue creciendo tanto que acabó contagiándonos a nosotros. Tuvimos que hacer un esfuerzo enorme para contener las lágrimas y poder terminar la canción.

Cuando acabamos, todo el público estaba completamente entregado. Fue uno de esos momentos mágicos que nunca se olvidan.

Y en tu caso… ¿la música también te ha curado alguna vez?

Sí.

Somos personas como cualquier otra. Tenemos problemas, preocupaciones y días malos.

A veces tienes que ir a trabajar cuando por dentro estás fatal y piensas que no vas a ser capaz.

Pero subes al escenario… y todo cambia.

Durante ese rato simplemente sientes, disfrutas y vives.

La música tiene esa capacidad de sostenerte cuando más lo necesitas.

Carmen delante del espejo

Cuando estás sola en casa y nadie te escucha… ¿también cantas?

Siempre hay música en mi casa, haya gente o no.

Aunque también disfruto mucho del silencio. Me gusta sentarme, escuchar ese silencio y perderme un rato en él. Creo que ambas cosas son necesarias.

¿Qué escuchas cuando estás triste?

Curiosamente, cuando estoy triste no pongo música triste.

Al contrario. Me apetece escuchar salsa, merengue, bachata… música que tenga alegría y energía.

Escucho de todo: pop, soul, latino, disco, flamenco, jazz, blues… Depende mucho del momento.

Eso sí, hay un estilo con el que no termino de conectar: el reguetón. (Ríe.)

¿Hay alguna canción que no puedas cantar sin emocionarte?

Sí.

Confieso, de Kany García. Me encanta, pero me resulta imposible cantarla sin acabar llorando.

Y no puedo dejar de nombrar a Rozalén. Me gustan prácticamente todas sus canciones. Da igual si estás triste o feliz, siempre encuentras algo en ellas que te llega.

Cuando sales al escenario, ¿qué es lo que más miedo te da? ¿Equivocarte, no llegar al público o no ser tú misma?

La verdad es que no tengo miedo.

Si me equivoco, sonrío y sigo adelante.

Lo importante para mí es ser siempre yo misma.

¿Qué te gustaría que cada persona se llevara después de escucharte cantar?

Me gustaría que cada persona se llevara una emoción.

Que durante unos minutos hubiera conseguido olvidarse de todo lo demás y hubiera sentido algo de verdad.

Si una canción logra acompañar a alguien, darle paz, esperanza o simplemente dibujarle una sonrisa, entonces habrá merecido la pena cantarla.

Y ahora voy a ponerte un pequeño reto…

Te digo solo dos palabras: “Nessun dorma”. ¿Qué te pasa por dentro cuando las escuchas?

(Sonríe.)

Me producen muchísimo respeto.

Es una obra que exige una enorme preparación técnica, pero también mucha verdad. No basta con cantar las notas; hay que contar una historia.

¿Te atreverías a interpretarla?

¿Por qué no?

Sería un reto precioso.

Las grandes obras también están para estudiarlas, disfrutarlas y crecer con ellas. Nunca hay que dejar de aprender.

Más allá de la dificultad técnica, el “Vincerò” final necesita mucho carácter. ¿Crees que llevas ese carácter dentro?

Creo que cada cantante encuentra ese momento desde su propia historia.

Todos hemos tenido que luchar alguna vez por algo. Todos hemos tenido que levantarnos.

Quizá ahí esté el verdadero “Vincerò”.

Si pudieras compartir una interpretación así con alguien, ¿con quién sería?

Sin ninguna duda con mis hermanos.

Con Joe… o con Carlos.

Ellos han formado parte de toda mi vida musical y compartir un momento así con cualquiera de los dos sería muy especial.

La persona detrás de la cantante

Después de tantos años sobre los escenarios, ¿todavía hay algo que consiga ponerte nerviosa?

Sí.

Cada vez que empieza un proyecto nuevo o una nueva temporada siento ese hormigueo en el estómago.

Normalmente desaparece en la segunda canción… pero mientras dura me recuerda que sigo viviendo cada actuación con la misma ilusión que el primer día.

¿Qué sueño musical te queda por cumplir?

(Todavía no quiere desvelarlo.)

Solo puedo decir que tengo algo muy bonito en mente…

Pero eso, de momento, se queda entre nosotros. (Ríe.)

Y terminamos el café…

Si hoy tuvieras que elegir una canción que te representara, ¿cuál sería?

Flowers, de Miley Cyrus.

Porque habla de aprender a quererse, de levantarse después de los momentos difíciles y de seguir adelante con fuerza.

Me recuerda que crecer también forma parte del camino.

¿Qué canción te gustaría que alguien te cantara a ti?

Cualquiera de Stevie Wonder.

Si tuvieras que guardar para siempre un único recuerdo de toda tu vida musical, ¿cuál elegirías?

No podría.

Tengo demasiados momentos mágicos.

Escenarios, personas, emociones, canciones, abrazos, aplausos…

No sería capaz de quedarme solo con uno.

Prefiero guardarlos todos.

Y la última, Carmen. Cuando salgamos de esta cafetería y cada uno siga su camino, ¿qué te gustaría que yo hubiera entendido de ti?

Me gustaría que pensaras que has conocido a una persona que utiliza la música para hablar de lo que nos pasa a todos.

Porque, al final, las canciones no hablan solo de quien las escribe.

Hablan, sobre todo, de quien las escucha.

Y a mí no solo me gusta cantarlas.

Me gusta contarlas.


R

Redacción

Periodista de Menorca al Dia