Adriana Moll
Desde Maó, el escritor menorquín Ignasi Pons se prepara para dar el salto al mundo editorial con La Orden del Dragón, una novela que llegará a los lectores el próximo 13 de octubre y que nace además de una decisión cada vez más habitual entre los nuevos autores: apostar por la autopublicación para conservar el control sobre su obra y acercarla directamente a los lectores.
Publicar una primera novela supone mucho más que poner punto final a un manuscrito. Detrás hay años de ideas, personajes, revisiones, dudas y decisiones, además de todo un proceso de edición y promoción que el autor debe afrontar prácticamente de principio a fin.
En el caso de Pons, La Orden del Dragón representa precisamente ese momento en el que una historia que durante mucho tiempo pertenece únicamente a su creador deja de ser privada para convertirse en patrimonio de los lectores.
Hablamos con él sobre el origen de la novela, la creación de sus personajes, su relación con Menorca, las dificultades de escribir y autopublicar y, sobre todo, sobre qué espera encontrar el lector cuando abra por primera vez las páginas de La Orden del Dragón.
Empecemos por el principio. ¿Quién es Ignasi Pons y en qué momento de tu vida aparece la necesidad de escribir una novela?
Ignasi Pons es, ante todo, un apasionado de la literatura fantástica y de los juegos de rol. La necesidad de escribir esta novela nació de una experiencia inolvidable: una partida de rol con mis amigos que se prolongó durante tres intensos años. Al echar la vista atrás, me di cuenta de que habíamos construido un universo tan rico, repleto de aventuras memorables, lazos profundos y escenarios fascinantes, que no podía permitir que se perdiera en el olvido. Sentí la responsabilidad y el deseo de plasmar toda esa magia en las páginas de un libro.
¿De dónde nace La Orden del Dragón? ¿Recuerdas cuál fue la primera imagen, idea o personaje que dio origen a toda la historia?
La Orden del Dragón es el título de la saga, bautizada así en honor a una antigua e imponente orden que antaño gobernó el continente de Evolath. La chispa inicial surgió de un concepto que me obsesionaba: quería dar vida a un mundo roto; un universo que hubiese sobrevivido a un cataclismo colosal, pero que arrastrase secuelas profundas e imborrables. Todavía guardo con mucho cariño el mapa original que dibujé para aquella partida. El alma de la novela reside en la nostalgia de ese mapa, en la fuerte personalidad de los personajes y en la orgánica manera en que interactuaban entre ellos.
El título ya despierta curiosidad. ¿Qué hay detrás de “Una espada en los planos” y qué significa realmente dentro de la novela?
El subtítulo de este primer tomo encierra el núcleo del conflicto de la trama. Hace más de dos mil años, una legendaria orden de magos logró contener a Welgar, un demonio de poder devastador, sellándolo para siempre dentro de una espada. Con este sacrificio extremo lograron salvar al mundo de una destrucción inminente, pero pagaron el precio más alto: sus propias vidas. Esa espada, y lo que custodia en su interior, es el eje sobre el que gira el destino de Evolath.
Escribir una novela exige convivir durante mucho tiempo con una historia y con unos personajes. ¿Hubo alguno que terminara sorprendiéndote o tomando un camino diferente al que habías previsto inicialmente?
Al nacer la historia de una campaña de rol, el desafío fue rescatar y estructurar esos tres años de vivencias; aunque es imposible recordar cada detalle, la memoria mantuvo intactos los momentos más divertidos, épicos y trascendentales. El proceso de escritura me permitió profundizar en los personajes y moldearlos con un nivel de detalle que me ha entusiasmado. Creo que el lector notará ese cariño y esa evolución, encontrándose con personajes tridimensionales que, a veces, parecían tomar el control de su propio destino en el papel.
Menorca, y concretamente Maó, forman parte de tu identidad. ¿Hasta qué punto la isla ha influido en tu manera de imaginar y construir esta historia?
La esencia de Menorca está muy presente, a veces de forma sutil y otras de manera muy visual. Un claro ejemplo es la espectacular portada diseñada por Marc Sintes Guardia. En ella aparece la espada donde yace cautivo el demonio; la inspiración para los destellos y reflejos del filo de esa arma nació directamente tras pasear Marc por la noche por el puerto de Maó, observando cómo la luz de las farolas se quiebra sobre el agua del mar. Además, los lectores más atentos de la isla encontrarán ciertos guiños y conexiones fonéticas en los nombres de algunas ciudades de Evolath.
¿Qué ha sido más difícil: escribir la primera página, mantener la historia durante cientos de páginas o atрезатьse finalmente a decir “ya está terminada”?
Sin duda, lo más complejo fue encontrar el punto exacto para poner el punto final. Cuando construyes un universo tan vasto, cuesta decidir dónde detenerse. Mi objetivo principal era cerrar este primer tomo en un clímax que dejase al lector completamente atrapado y con ganas de devorar más. Creo firmemente que he logrado encontrar ese equilibrio perfecto.
Has optado por la autopublicación. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión y qué has descubierto del mundo editorial durante todo el proceso?
El sector editorial tradicional puede ser muy hermético y, a menudo, las condiciones no compensan el tremendo esfuerzo personal y de tiempo que el autor invierte en su obra. Es cierto que las editoriales tradicionales te respaldan con los costes de edición, maquetación, portada y publicidad, pero lo hacen a cambio de restar libertad creativa. Opté por la autopublicación porque quería mantener el control absoluto sobre mi obra, asegurándome de que el libro final fuese exactamente la historia que yo quería contar, sin filtros externos.
Cuando un escritor se autopublica, deja de ocuparse únicamente de escribir: también tiene que pensar en edición, portada, distribución, promoción… ¿Cuál ha sido el aspecto que más te ha sorprendido o exigido?
Es un viaje donde te conviertes en un hombre orquesta. Cada fase requiere una inversión, no solo económica, sino de ilusión, porque buscas un acabado profesional que satisfaga al lector. El proceso de la portada me sorprendió gratamente; ver cómo Marc plasmaba mis ideas en una ilustración tan preciosa fue mágico. Por otro lado, la promoción es, indiscutiblemente, la faceta más exigente. Requiere un esfuerzo constante y es donde debes destinar una mayor inversión para lograr que el libro destaque en un mercado tan saturado.
Hay un momento especialmente vulnerable para cualquier escritor: entregar su historia por primera vez a los lectores. ¿Qué sientes al saber que el 13 de octubre cualquiera podrá leer La Orden del Dragón y formarse su propia opinión?
Siento una mezcla de vértigo y muchísima emoción. Mi mayor deseo es que los lectores sean completamente sinceros con sus críticas, tanto con lo que les apasione como con lo que crean que se puede pulir. Para un autor novel, el feedback constructivo es el mapa de ruta definitivo para seguir evolucionando y perfeccionando el oficio en las próximas entregas.
¿Qué te gustaría que experimentara un lector mientras avanza por las páginas de la novela? ¿Hay alguna emoción concreta que esperas provocar?
Quiero que el lector se suba a una montaña rusa. Encontrará momentos de humor y camaradería, pero también pasajes de una tensión asfixiante. A medida que pasen las páginas, verán cómo el mundo de Evolath se transforma, volviéndose más oscuro, complejo y peligroso. Y sí, hay una emoción muy concreta que he diseñado minuciosamente para el final, pero esa me la guardo como un secreto que solo se revelará al alcanzar la última página.
Si tuvieras que convencer a alguien que todavía no conoce La Orden del Dragón para que le dé una oportunidad, pero solo pudieras utilizar una frase, ¿qué le dirías?
«Acepta el reto: lee solo hasta el capítulo dos y descubre por qué ya no podrás soltar esta historia».
Y mirando hacia adelante: ahora que has conseguido convertir esta historia en un libro, ¿Ignasi Pons seguirá escribiendo? ¿Hay ya alguna nueva historia llamando a la puerta?
Por supuesto, esto es solo el principio. Ya me encuentro sumergido en la escritura del siguiente volumen de la saga. Aunque todavía estoy en una fase muy temprana de estructura y desarrollo, aprovecho cada momento libre para seguir expandiendo este universo. Hay Evolath para rato.
