La selección española de fútbol sentirá en vivo el aliento menorquín durante este Mundial. Juan Bravo acudirá, fiel a su cita, para animar a los jugadores dirigidos por Luis de la Fuente. Bravo es el gerente del bar Irish Arena de Son Bou, todo un referente en la isla para seguir el fútbol y otros deportes, especialmente la Premier League. Sin embargo, su gran pasión es el combinado nacional, al que apoya incondicionalmente a través de la peña Marea Roja.
Con la cita de Estados Unidos, México y Canadá, ya serán siete las Copas del Mundo a las que habrá asistido para ver a «La Roja». Su idilio mundialista comenzó en Corea y Japón en 2002 y, desde entonces, no ha faltado a ninguna edición, sumando además a su palmarés como aficionado varias Eurocopas y fases finales de la Nations League.
Bravo tiene previsto desplazarse a Estados Unidos a partir del 30 de junio. El calendario de sus viajes dependerá de los resultados: si España queda primera de grupo, la acompañará en Dallas y Los Ángeles; de lo contrario, su ruta lo llevará a Miami y Atlanta, siempre y cuando se vayan superando las eliminatorias. El menorquín viajará integrado en la peña Marea Roja, con la que espera llegar hasta la gran final que se disputará en Nueva Jersey, junto a la ciudad de Nueva York, el próximo 19 de julio.
El aficionado isleño acumula un sinfín de anécdotas de sus periplos futbolísticos. Por ejemplo, durante el Mundial de Alemania en 2006, volaba cada día para ver los partidos y regresaba en avión a la jornada siguiente. En otras ocasiones, por el contrario, ha optado por establecer su residencia durante semanas en los países anfitriones.
A la hora de rememorar momentos deportivos inolvidables, Bravo destaca la final de la Eurocopa de 2012 contra Italia en Kiev: "Ganamos claramente. A los quince minutos ya íbamos 1-0". Aquel choque terminó con un contundente 4-0 a favor de España. No ha sido la única gran final que ha presenciado en directo; en 2024 estuvo en Berlín viendo cómo España se coronaba campeona de Europa ante Inglaterra por 2-1, gracias a un agónico gol de Oyarzabal. De ese mismo torneo, guarda un recuerdo imborrable de los cuartos de final en Stuttgart, donde se eliminó a la anfitriona, Alemania, por 2-1 con el célebre tanto de Merino en la prórroga.
Como es natural, también le ha tocado vivir la cara amarga del deporte, como la dolorosa eliminación en los penaltis ante Marruecos en el pasado Mundial de Qatar.
Con todo, más allá de los resultados, a la hora de relatar sus experiencias personales resalta la enorme diversidad de culturas que ha podido conocer tras pasar por Corea del Sur, Alemania, Sudáfrica, Brasil, Rusia y Qatar; una lista de privilegios a la que ahora sumará sus vivencias en tierras norteamericanas.
Bravo también reflexiona sobre cómo ha evolucionado el ambiente que rodea a los mundiales: "En el primer partido de Corea del Sur, cuando llegué al estadio, solo estábamos animando a España Manolo 'el del bombo' y yo. En ese torneo había partidos en los que llenaban las gradas con estudiantes locales porque el fútbol no despertaba mucho interés allí. Esto cambió radicalmente cuando los mundiales se han jugado en Europa; ahí no cabía ni un alfiler".
Queda por ver hasta dónde llegará el camino de la selección en Norteamérica. El sueño de Juan Bravo arrancará el 30 de junio y, con él, se llevará la ilusión de toda una isla para empujar a «La Roja» en busca de su segunda estrella mundialista.
