"Sin embargo -afirma-, hay pequeños restos que muchos (y muchas) siguen teniendo interiorizados. Son secuelas de nuestra educación y de los productos culturales que nos han formado como personas que hacen que, aunque critiquemos y denunciemos el machismo, podamos caer en algunas de sus trampas sin darnos cuenta".
La campaña de IB Familia se difundirá fundamentalmente en las redes sociales a fin de concienciar y erradicar estas prácticas cotidianas.
Algunos de estos mensajes son:
- He comentado a un amigo que se quedaba al cuidado de sus hijos: “Hoy te han dejado de niñera”.
- He dicho que yo “ayudo” en las tareas del hogar, asumiendo que el trabajo es de una mujer y yo estoy ayudando, no participando en igualdad.
- No he hecho nunca la coleta a mi hija y ni siquiera concibo que la pueda llevar mi hijo.
- Cuando el niño va al médico o de compras, lo acompaña su madre. Cuando el niño va al fútbol, lo acompaño yo.
- Dejo a mi hijo adolescente salir hasta las 3 de la madrugada, pero a mi hija le obligo a venir antes de medianoche.
- He presentado a una mujer por el cargo o la posición de su marido: "esta es la mujer de...", en vez de por su nombre y profesión.
- Me he callado ante el comentario machista de un amigo.
- He juzgado a una mujer por su forma de educar a sus hijos cuando no lo hago con un hombre.
- Me refiero al conjunto de ciudadanos que buscan la igualdad como “las feministas”, en femenino, asumiendo que es una lucha únicamente reservada a las mujeres.
- He preguntado a una mujer cómo conjuga su vida profesional y su vida familiar, algo que jamás he preguntado a un hombre.
- En una conversación sobre políticos, me parece normal hacer comentarios sobre el aspecto de ellas cuando no lo hago sobre el de ellos.
