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“La importancia de tener un destino para llegar a él”

Un artículo de Marta Pons Coll

(Foto: Pixabay)

A mí me encanta viajar. Soy lo que se conoce como una persona altamente sensible (PAS), y zambullirme en olores, sonidos y sabores que desconozco es toda una experiencia sensorial para mí. No siempre me gusta lo que descubro, pero me encanta estar receptiva, con la actitud de una niña curiosa, ilusionada por lo que va a descubrir.

De alguna manera, cuando emprendemos un proceso de aprendizaje o autoconocimiento, también emprendemos un viaje. Un viaje en el que hay descubrimiento, crecimiento y para el que la curiosidad es fundamental.

Y al igual que en los viajes, no siempre nos gusta lo que encontramos. A veces nos avergüenza y puede llegar a hacernos sentir incómodos, pero ser consciente de las cosas nos da el poder de cambiarlas. Si yo no sé que mi equipo no se siente cómodo compartiendo sus puntos de vista conmigo, ¿cómo puedo hacer algo al respecto?

Si bien es cierto que a muchos nos gusta viajar, también lo es que hay muchas formas de hacerlo y que cada cual tiene sus preferencias; hay quien disfruta de los viajes organizados y de la comodidad de no tener que encargarse demasiado de la organización y las actividades, y también está quien necesita muy poco para embarcarse en una aventura y encuentra cierto atractivo en ir planeando las cosas sobre la marcha. Yo soy más del segundo grupo.

Viajar sin una organización determinada te permite un alto grado de flexibilidad; puedes hacer lo que quieras cuando te apetezca, improvisar y dejarte llevar. Sin embargo, hay para quien esta opción está lejos de resultar atractiva y puede, incluso, generar ansiedad.

Si no sé a dónde voy, ¿cómo voy a llegar?”

¡Qué buena pregunta! Y es que, para llegar a donde queremos, primero debemos saber a dónde queremos ir.

¿Te imaginas subirte a un taxi y contestarle al taxista “pues no lo sé, no lo tengo muy claro. Usted vaya conduciendo y ya veremos dónde acabamos” cuando te pregunta a dónde quieres ir?

Es por esto que los procesos de coaching empiezan con la declaración del objetivo, un destino, el lugar al que queremos llegar. El hecho de que sea una disciplina muy enfocada a la acción es una de las razones por la que resulta tan efectiva y transformadora. Y eso sí, el viaje siempre proporcionará crecimiento y aprendizaje y requerirá de una gran dosis de curiosidad.

Te invito a hacerte las siguientes preguntas cuando te propongas nuevos objetivos: “¿Qué es lo que quiero conseguir? ¿Para qué es importante que lo consiga? ¿Cómo sabré que lo he conseguido? ¿Y qué necesito para conseguirlo?”.

Y recuerda que quizás no siempre te guste lo que descubras y que, aún así, merece la pena estar receptivo o receptiva, con la actitud de un niño curioso e ilusionado por lo que va a descubrir.


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