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Lola y Paca, las dos hijas pequeñas del metge Camps

Entre las cinco hijas de Francesc Camps i Mercadal, el conocido metge Camps o Francesc d’Albranca, y Catalina Riudavets Moll, las dos más pequeñas ocuparon un lugar especial en la vida cultural y religiosa de Es Migjorn Gran

Iglesia de Es Migjorn Gran.
Iglesia de Es Migjorn Gran.

Entre las cinco hijas de Francesc Camps i Mercadal, el conocido metge Camps o Francesc d’Albranca, y Catalina Riudavets Moll, las dos más pequeñas, Maria Dolors Camps Riudavets, Lola, y Francisca Camps Riudavets, Paca, ocuparon un lugar especial en la vida cultural y religiosa de Es Migjorn Gran.

Las dos permanecieron solteras y estuvieron estrechamente vinculadas al pueblo y a la casa familiar. Lejos de limitarse a conservar el recuerdo de su padre, dedicaron buena parte de su vida a una actividad que hoy puede parecernos sencilla, pero que entonces tenía una enorme importancia dentro de la comunidad: la música y, especialmente, el canto religioso.

Según la documentación publicada por el Ayuntamiento de Es Migjorn Gran, Lola y Paca dirigieron durante muchos años el coro parroquial femenino y trabajaron intensamente en la música religiosa del pueblo.

La música como servicio al pueblo

Su tarea no puede entenderse únicamente como una afición musical. En la parroquia de Sant Cristòfol, el canto formaba parte de las celebraciones de la comunidad, y Lola y Paca contribuyeron durante años a mantener viva esta tradición.

Su actividad se desarrolló también en colaboración con otros músicos locales. Entre ellos estaba Xico Fumeta, una figura muy vinculada a la cultura musical de Es Migjorn. Fumeta trabajó con las hermanas Camps Riudavets en la animación del canto litúrgico de la parroquia.

De este modo, las dos hermanas formaron parte de una red de personas que, sin grandes medios, consiguieron que la música, el canto y otras manifestaciones de la cultura popular continuaran vivos en el pueblo.

Paca, guardiana de la memoria del metge Camps

En el caso de Paca, su figura adquiere todavía mayor interés porque dedicó una parte importante de su vida a conservar la memoria y el legado de su padre.

Francisca Camps Riudavets nació el 24 de febrero de 1904 y murió en 1995. Era la hija menor de Francesc Camps. Según los testimonios biográficos existentes, durante su infancia sufrió una enfermedad que la obligó a pasar largas temporadas en cama.

Fue una mujer culta e inteligente. Después de una etapa en la que salió de Menorca y conoció otros lugares, regresó a su pueblo. Su vuelta adquirió una significación especial tras la muerte de su hermana Lola, con quien mantenía una relación muy estrecha.

A partir de entonces, Paca se implicó todavía más en el coro parroquial y en la conservación del patrimonio musical de la comunidad.

Uno de los aspectos más interesantes de su trayectoria fue su participación en la recuperación del canto pascual «Deixem lo dol», una pieza perteneciente a la tradición religiosa menorquina.

Lola y Paca, dos mujeres dentro de una familia excepcional

Las hermanas crecieron en un ambiente muy particular. Su padre no era solamente el médico del pueblo. Francesc Camps i Mercadal fue también estudioso de la lengua, la historia, el folklore y las tradiciones de Menorca.

La casa familiar, conocida como sa casa gran, era un espacio abierto a los vecinos y, al mismo tiempo, un lugar donde se conservaban libros, documentos y testimonios de la cultura menorquina.

Las cinco hijas recibieron una educación considerada excepcional para su época, con especial atención a la lectura, la música, el campo y la religión. En el caso de Lola y Paca, aquella formación acabaría convirtiéndose en una dedicación concreta a la música y a la vida parroquial.

Por eso, cuando hablamos de Francesc Camps, no deberíamos recordar únicamente la extraordinaria obra del médico y folklorista. También debemos hablar de sus hijas, porque ellas contribuyeron a mantener vivo una parte de aquel mundo.

La muerte de Lola y el papel de Paca

La relación entre las dos hermanas parece haber sido especialmente estrecha. Después de la muerte de Lola, Paca asumió un papel todavía más importante en la continuidad del coro y de las tradiciones musicales.

Esta continuidad resulta significativa. En muchas familias de la Menorca de aquella época, las mujeres eran las principales transmisoras de determinadas prácticas domésticas, religiosas y musicales. Lola y Paca convirtieron esta transmisión en una auténtica tarea comunitaria.

No fueron simplemente las hijas pequeñas del metge Camps. Fueron mujeres que dedicaron años de su vida a hacer posible que el pueblo continuara cantando.

El último vínculo con la casa del médico

La historia de Paca contiene todavía otro elemento de gran valor para la memoria de Es Migjorn Gran.

Durante los últimos años de su vida vivió en la casa pequeña de la calle Major, número 32, situada donde anteriormente había estado el establo. Allí conservó parte del fondo documental y bibliográfico de Francesc Camps i Mercadal.

Este hecho convierte a Paca en una figura especialmente importante para entender cómo llegó hasta nosotros una parte del legado de su padre. Conservar libros y documentos no era solamente un acto sentimental: significaba preservar una parte de la memoria cultural de Menorca.

Una herencia que todavía perdura

Hoy, Lola y Paca pueden quedar escondidas detrás de la figura mucho más conocida de su padre. Sin embargo, la documentación municipal y los testimonios sobre la vida cultural de Es Migjorn permiten contemplarlas desde otra perspectiva.

En 2024, Miquel Àngel Marquès Sintes recordaba que, además de la labor del metge Camps, había que poner en valor la tarea sociocultural desarrollada por sus hijas Lola y Paca, que realizaron un importante trabajo voluntario en beneficio del pueblo.

Y en 2025, con motivo de los treinta años de la muerte de Paca, se volvió a reivindicar la necesidad de valorar la labor que ella y Lola desarrollaron a lo largo de sus vidas.

Quizá esta sea la mejor manera de definirlas: dos mujeres que recibieron una herencia cultural extraordinaria y que, en lugar de dejarla perder, la pusieron al servicio de su pueblo.

Lola y Paca no escribieron libros como su padre ni tuvieron la notoriedad pública de otros miembros de la familia. Pero conservaron canciones, enseñaron a cantar, mantuvieron vivo el canto religioso y cuidaron de la memoria familiar.

Y en un pueblo pequeño como Es Migjorn Gran, esa también es una manera profunda de hacer historia.

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Redacción

Periodista de Menorca al Dia