La cultura de las tapas

No se trata solo de comer, sino de compartir

Las tapas son mucho más que un simple bocado. (Foto: GETTY IMAGES-AMIC)
Las tapas son mucho más que un simple bocado. (Foto: GETTY IMAGES-AMIC)

Eva Remolina/AMIC


Salir de tapas es mucho más que comer: es una manera de vivir, de compartir y de relacionarse. Esta tradición tan arraigada en la península ibérica ha traspasado fronteras y hoy en día se puede encontrar en muchas partes del mundo. Pero, ¿de dónde sale realmente esta manera tan peculiar de comer?

El origen de las tapas no está del todo claro y, como ocurre a menudo con las tradiciones populares, existen diversas teorías. Una de las más conocidas explica que, antiguamente, en las tabernas se colocaba una rebanada de pan o un trozo de jamón sobre el vaso de vino para protegerlo del polvo o de los insectos. Esta “tapa” no solo hacía de cubierta, sino que también acababa convirtiéndose en un pequeño bocado para acompañar la bebida.

Otra versión apunta que las tapas se empezaron a servir para evitar que el alcohol se consumiese con el estómago vacío. Así, con un poco de comida, se reducían los efectos del vino o la cerveza y, al mismo tiempo, se fidelizaba a la clientela. Fuera como fuese, lo que comenzó como una práctica funcional acabó convirtiéndose en un elemento central de la cultura gastronómica.

Con el paso del tiempo, las tapas han evolucionado enormemente. De simples trozos de pan con embutido o queso, han pasado a ser pequeñas creaciones culinarias. Hoy podemos encontrar tapas elaboradas con ingredientes sofisticados, presentaciones cuidadas y combinaciones de sabores sorprendentes. En muchos casos, se han convertido en una muestra de creatividad por parte de los cocineros.

Además, la manera de consumirlas también ha ido cambiando. Antes era habitual ir de bar en bar, tomando una tapa y una bebida en cada lugar, en una especie de ruta informal. Esta práctica todavía se mantiene en muchas ciudades, pero también han aparecido bares especializados donde las tapas se presentan casi como platos de degustación.

Cabe destacar también la dimensión social de las tapas. No se trata solo de comer, sino de compartir. Las tapas se colocan en el centro de la mesa y se reparten entre todos, fomentando la conversación y la proximidad. Es una manera de romper con el formato más rígido de una comida tradicional y de crear un ambiente más distendido.

Hoy en día, la cultura de las tapas continúa evolucionando. Se ha adaptado a nuevas tendencias, como las opciones vegetarianas o veganas, y ha incorporado influencias de otras gastronomías. A pesar de ello, mantiene intacta su esencia: pequeñas porciones, gran variedad y, sobre todo, el placer de compartir.

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Redacción

Periodista de Menorca al Dia