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Cero

Un 'Abrazo de sal' de Lola Maiques


Recibo una invitación para participar en la tertulia de “Al Día Menorca” de este lunes 21. Hablaremos de la mujer apuñalada en Ciutadella, me adelantan. La estadística de víctimas de la violencia machista de 2019 se ha puesto en marcha y, con cada titular, el remolino de sentimientos y reflexiones se activa a su vez.

¿Esto tiene fin? ¿Hay medidas realmente eficaces para atajar esta espiral de desprecio y dolor? Pienso en esta víctima más cercana. Como en tantos otros casos, sobre su agresor pesaba una orden de alejamiento que no le impidió acercarse a ella y asestarle cuatro puñaladas.

¿Deberían substituirse estas medidas preventivas por el ingreso en un centro de reinsercion/cárcel donde el agresor tuviese que seguir un programa de reeducación durante el tiempo que se fije para la medida, pudiéndose reducir ese tiempo en la medida que el agresor alcance los objetivos del programa?

¿Sería más ecuánime y efectiva esta suerte de volver a empezar en las mismas condiciones de aislamiento, soledad, frustración, amargura y tímida esperanza en las que intentan rehacer su vida las víctimas o al terminar ese tiempo el agresor volvería a la calle más encabronado?

¿Pueden hacer algo más la administración, la familia, la escuela, las instituciones religiosas, el tejido asociativo, la empresa, la pandilla, el club o ‘es cau’ o debemos asumir que los agresores existirán siempre por esfuerzos y medios que dediquemos?

¿Es una cuestión de aprendizajes, de lo que un día se aprende pero algunos olvidan después: saber que todas las relaciones son cosa de dos (o más, según las circunstancias), saber que los sentimientos pueden cambiar y que, sobre todo, si no cambian en paralelo, es difícil mantener una relación en el tiempo, ser transparente, saber que nadie te pertenece, saber dejar vivir?

¿O es que esto nunca se supo y hay que empezar todo de cero?


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