Debemos decidir sobre la política de vivienda

Un artículo de Adolfo Alonso Carvajal

En Menorca plantear el tema de la vivienda como un asunto de suelo y de número de viviendas de nueva construcción no tiene por qué ser la mejor solución
En Menorca plantear el tema de la vivienda como un asunto de suelo y de número de viviendas de nueva construcción no tiene por qué ser la mejor solución

Es necesario que reflexionemos sobre la vivienda. Ya hemos visto lo que ocurre en Ibiza y cómo se produce una incidencia laboral y social imprevista. Refleja el desequilibrio del país. No merece la pena trabajar: los sueldos no permiten alquilar una vivienda. Estamos entrando en el subarriendo de habitaciones o de cubículos.

Para la gravedad del problema, el debate me parece insuficiente.

En nuestra casa tenemos una dificultad añadida, que viene derivada de la marcadísima insularidad y del centralismo mallorquín.

La política de vivienda no puede ser la misma en las tres islas, porque tienen modelos de desarrollo económico y de vida diferentes. A estas alturas, cada una ha optado por un sistema.

Lo que determina la decisión sobre la política de vivienda es, precisamente, ese modelo ya heredado e imposible de cambiar de desarrollo económico.

Esto significa que no debe concentrarse todo en suelo para construir, sino que puede centrarse en el volumen edificable, así como en la calificación del territorio.

También el poblamiento y, por lo tanto, la vivienda para la población que no la tiene —normalmente la forastera que viene a quedarse o la que viene de vacaciones—. Ese redoblamiento o excedente de población es necesario ponerlo en relación no solo con la vivienda, sino con los recursos para hacer frente a todas sus necesidades: carreteras, urbanismo, canalizaciones, tendido eléctrico, alcantarillado, polígonos industriales, suelo industrial y suelo rústico.

En el caso de Menorca, plantear el tema de la vivienda como un asunto de suelo y de número de viviendas de nueva construcción no tiene por qué ser la mejor solución.

El modelo de Menorca va por la sostenibilidad, el paraíso natural —como Asturias—, la prehistoria y nuevas empresas no contaminantes ni necesariamente manufactureras. Pueden ser empresas de pensamiento o de recursos naturales. Bien, no importa. Guillermo González Mampel me dejó sus ideas y sus modelos antes de irse. Le recuerdo, y también sus dirigibles para unir Menorca con Mallorca y evitar los problemas aeroportuarios.

Lo que importa es una cuestión previa a la vivienda: una decisión política sobre el modelo de economía y de isla. Según se opte por un modelo económico, el suelo será más o menos necesario o se convertirá en sí mismo en un elemento de riqueza. La capacidad de la isla para el doblamiento es limitada, los recursos son limitados y el problema del agua es igual de importante que el de la vivienda. Los acuíferos, aunque llueva, disminuyen.

Entonces, en este modelo, el suelo se convierte en un tesoro que no se puede destinar a vivienda de nueva construcción tipo edificio de apartamentos. Es necesario el control de las personas que vienen a la isla: no pueden seguir viniendo las mismas cantidades. Es triste, pero es lo que hay con este modelo, que ha sido un modelo de éxito.

No puede el cemento comerse la isla como ha ocurrido en Mallorca, ni tampoco puede llegarse a los extremos de carencia de vivienda y subida de precios de Ibiza.

Para mí, en este momento, la prioridad no es el suelo ni la nueva construcción, sino el aprovechamiento de lo que ya existe, pero modernizado.

Esto significa apostar por la reconstrucción interior y por el establecimiento de viviendas en edificios reformados que hasta ahora solo están destinados a una vivienda, bien por fondo o bien por altura.

Catalogación de edificios urbanos antiguos —de más de cien años— en los cascos de los pueblos, abandonados o en ruina. Expropiación, rehabilitación, propiedad pública y venta por parte de la administración, en los sistemas que se estimen oportunos.

Construcciones hacia abajo, no hacia arriba. Utilización del sistema habitacional en cuevas nuevas o reformadas, de acuerdo con las condiciones urbanísticas, como el sistema de Cala Sant Esteve. Estamos ante múltiples posibilidades técnicas y arquitectónicas que permiten incluso viviendas en el mar en forma de palafitos, si no se produce un impacto ambiental. Son ideas que pueden ser estudiadas o rechazadas.

Apertura a la realización de escrituras de división en propiedad horizontal. Potenciación de este modelo.

Uso rotatorio controlado por la administración en las urbanizaciones de verano, precedido de un plan de rehabilitación de viviendas vacacionales para permitir su uso durante todo el año. Aún recuerdo una urbanización que fui a ver al lado de Sant Lluís: el agua de la humedad salía por las paredes, era imposible habitarla. Evidentemente, ese uso rotatorio deberá incentivarse entre los propietarios, que deberán realizar las obras de adaptación a las condiciones de habitabilidad anual.

Fomento y prioridad en todas estas acciones a la primera vivienda de los jóvenes.

Incremento de la administración en materia de control del uso de la vivienda.

Obviamente, estas ideas son para el modelo que hemos querido darnos para la isla.

¿Queremos de verdad este modelo o estamos dispuestos a sacrificarlo?


Adolfo Alonso Carvajal

R

Redacción

Periodista de Menorca al Dia