¿Qué supone ser Región Europea de la Gastronomía? – menorca al día
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¿Qué supone ser Región Europea de la Gastronomía?

Menorca recibirá el mes que viene este reconocimiento para que desarrolle un programa completo en 2022

Preparando la mesa
Preparando la mesa
Hay muy buenas expectativas económicas gracias a este reconocimiento a Menorca

Galway, Cataluña, Cracovia. Son ciudades europeas que han sido Región Europea de la Gastronomía. Ahora le toca a Menorca. O mejor dicho, le tocará en 2022. El jurado que visitó nuestra isla dio un aprobado y en cuestión de unas semanas se hará oficial la entrega del certificado.

Ahora le espera a Menorca un año de preparativos. Se podrá ofrecer todo un despliegue que muestre al visitante las diferentes formas de llevarse una experiencia gastronómica singular y positiva. Para eso hay un trabajo previo que ha levantado el nivel de la oferta gastronómica a cotas nunca antes alcanzadas.

Menorca tiene una buena variedad de productos locales en casi todos los campos; de la huerta a la granja. Ha sabido recuperar sus tradicionales recetas y productos que la diferencian potenciándola como destino turístico. Los actos que se están preparando se suman a otros que ya se han asentado en la programación gastronómica anual de la isla.

Si nos atenemos a los resultados de las ciudades que fueron Región Europea de la Gastronomía podemos asegurar que se ha dejado notar la mayor afluencia de visitantes gourmets, de turistas especializados en darle el gusto a su paladar. El fomento de la oferta complementaria está en la punta de lanza de este tipo de reconocimientos. Y funciona. La estadística es contundente. Ser Región Europea de la Gastronomía supone un aumento de las visitas de turistas pero, al menos para el caso que nos ocupa, va a ser fundamental el refuerzo de las comunicaciones. Estamos sujetos a que se mantenga un cierto nivel de oferta más allá de los meses de verano. Si se consigue para este 2022, el verdadero reto va a ser mantener abierta esa puerta. Fidelizar mejor a los sibaritas y convencer a las compañías aéreas a que vengan a comer en abril o en octubre con las mismas ganas que en agosto.


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