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"Cuando el año nuevo no trae respuestas"

Un artículo de Beatriz Vilas

"Enero llega, muchas veces, con una presión invisible".
"Enero llega, muchas veces, con una presión invisible".

Hay años que comienzan con ruido y otros que lo hacen en silencio. Y este, para muchas personas, ha empezado así: sin fuegos artificiales interiores, sin grandes certezas y con más preguntas que propósitos.

El cambio de calendario suele venir acompañado de una expectativa casi automática: la de sentirnos mejor. Como si el simple hecho de despedir un año y dar la bienvenida a otro llevara consigo una renovación inmediata. Sin embargo, la vida real no responde a rituales colectivos ni a fechas señaladas.

Enero llega, muchas veces, con una presión invisible. Parece que tengamos la obligación de estar motivados, agradecidos, ilusionados. De haber hecho balance, aprendido la lección y estar ya preparados para el siguiente capítulo. Pero no siempre es así. Y reconocerlo no es debilidad, sino honestidad.

Hay personas que empiezan el año cansadas. No por falta de ganas, sino por exceso de todo: de responsabilidades, de exigencias, de silencios acumulados. Personas que llegan a enero con el cuerpo funcionando y el alma pidiendo tregua.

Durante estos primeros días del año se repite una frase con frecuencia: “Pensaba que al empezar el año me sentiría diferente”. Como si el malestar tuviera fecha de caducidad. Como si la tristeza, la incertidumbre o el agotamiento emocional entendieran de campanadas.

Enero, lejos de ser un mes luminoso para todos, suele ser un espejo incómodo. Se apagan las luces, vuelve la rutina y nos encontramos cara a cara con aquello que hemos ido posponiendo. Lo que no se resolvió en diciembre no desaparece por arte de magia en enero.

Vivimos rodeados de mensajes que invitan a empezar fuerte, a marcar objetivos, a diseñar el año perfecto. Pero ¿qué ocurre cuando no tenemos fuerzas para proyectar? Cuando lo único que necesitamos es parar, respirar y no decidir todavía.

Quizá el problema no sea empezar despacio, sino creer que eso está mal. No todos los inicios son expansivos. Algunos comienzos son silenciosos, internos, casi invisibles. Y suelen ser los más necesarios.

Tal vez este año no venga a darnos respuestas, sino espacio. Espacio para escucharnos, para aceptar que no todo está claro, para permitirnos estar donde estamos sin juicio.

Porque no empezar con claridad también es empezar. Y a veces, el verdadero inicio consiste en dejar de exigirnos saberlo todo.

R

Redacción

Periodista de Menorca al Dia