Cales Coves: una cala con mucha historia

La llegada a la calita Cales Coves por mar es muy impactante. Ya de lejos se observan grandes huecos en las paredes de los acantilados que, poco a poco, así como te vas acercando, se empiezan a identificar como cuevas. Por tierra se accede a Cales Coves desde un caminito descendiente, después de dejar el coche en el aparcamiento, que atraviesa una zona boscosa. Es un camino agradable, con zonas suficientemente frondosas como para que haya una sombra muy fresca en verano.

Se llegue por donde se llegue a Cales Coves hay dos cosas que sorprenden justo llegar. La primera, la virginidad de la cala, que está íntegramente rodeada de naturaleza. La segunda, la altura a la que se encuentran las cuevas, teniendo en cuenta el uso que se les daba antiguamente. Desde el 1400 A.C. hasta la época romana se han hallado restos de actividad en el yacimiento de Cales Coves. No solo en la zona dedicada a los enterramientos en los nichos funerarios de las paredes del acantilado, hasta cuarenta metros sobre el nivel del mar, sino que también se ha comprobado que Cales Coves fue un importante embarcadero de carga y descarga de mercancías.

Cuevas naturales, hipogeos y establecimiento costero amurallado, todo un tesoro arqueológico que ha tenido que ser protegido de la ocupación indiscriminada. Cales Coves no compite solo por ser el yacimiento más importante de la isla. La configuración de sus nichos se adelanta en más de tres milenios a la moderna concepción de los cementerios verticales, que están siendo implementados en las ciudades más pobladas del mundo para evitar el hacinamiento de los cementerios, en entornos sostenibles en los que los cadáveres se disponen en cajoneras de muchos pisos y los gases de la descomposición son filtrados para evitar el impacto medioambiental. ¿Serían, pues, los antepasados menorquines unos avanzados en el modo organizar las necrópolis?

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